Venezuela: intento de golpe de Estado deja a Caracas bajo fuego y apagones
En la madrugada del 6 de enero de 2026, Caracas se convirtió en un polvorín. Decenas de disparos, un apagón generalizado y el despegue de cazas rusos de la Fuerza Aérea Venezolana marcaron lo que muchos consideran un intento de golpe de Estado contra la presidenta interina Delcy Rodríguez, horas después de que Nicolás Maduro fuera detenido por fuerzas estadounidenses.
Los hechos: tiros, apagón y cazas en el aire
Según reportes en redes sociales, los tiroteos se concentraron en zonas clave como el palacio de Miraflores y cercanías del aeropuerto. Un corte eléctrico masivo sumió a la capital en la oscuridad, mientras que al menos dos cazas Su-30 rusos despegaban con rumbo a Caracas, generando pánico entre la población. Testigos hablan de drones sobrevolando la ciudad, aunque sin confirmación oficial.
Dos lecturas de la crisis
Una corriente de análisis sostiene que el golpe es una operación directa de Estados Unidos para asegurar el control del petróleo venezolano, utilizando a Delcy Rodríguez como testaferro. La detención de Maduro allanaría el camino para un gobierno afín a Washington, pero los sectores más duros del chavismo —leales al expresidente— se habrían rebelado, desatando la violencia.
La otra interpretación apunta a una lucha interna dentro del chavismo. Delcy Rodríguez, considerada colaboracionista por los militares de línea dura, habría sido rechazada por facciones que ven en su ascenso una traición. El caos de la noche sería una respuesta armada de estos sectores, que no están dispuestos a ceder el poder ni a negociar con el imperio.
Reacción internacional: China exige liberación de Maduro
China fue el primer país en reaccionar. En un comunicado emitido el mismo 6 de enero, su embajador en Colombia instó a Estados Unidos a liberar inmediatamente a Nicolás Maduro y su esposa, calificando la intervención como una violación del derecho internacional. Sin embargo, analistas señalan que el tono del mensaje —firme pero sin amenazas concretas— sugiere que Pekín no está dispuesto a escalar el conflicto, dejando vía libre a Washington en la región.
¿Qué viene ahora?
En Caracas, el silencio de las armas es solo aparente. Las fuerzas leales a Delcy Rodríguez no han logrado consolidar el control, y los rumores de una contraofensiva militar recorren los barrios. La pregunta que nadie responde aún es si esto es el principio del fin del chavismo o el preludio de una guerra civil prolongada, donde los actores externos —Rusia, China y EE.UU.— juegan sus fichas en el tablero venezolano.
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