Tercera alerta por hepatitis A en fresas de Marruecos: pasó la aduana
El tercer cargamento de fresas procedentes de Marruecos con hepatitis A detectado en seis semanas no fue retenido en la frontera. Circuló hacia su destino bajo sello aduanero. Cuando una de las muestras tomadas previamente en el control dio positivo, el producto ya estaba en territorio español, rumbo al centro de distribución o al mercado final. Es la primera partida que supera la aduana con el patógeno confirmado y la tercera con el mismo resultado en apenas mes y medio.
El control que llega después del producto
El procedimiento es conocido en el sector: se toman muestras en frontera, se autoriza la salida del lote —«producto autorizado a viajar a destino bajo sello de la aduana»— y el análisis se conoce después. En las dos alertas anteriores el bloqueo sí fue efectivo en la frontera. En esta ocasión, no. La diferencia no es menor, porque convierte una alerta sanitaria en un problema de trazabilidad: el cargamento ya ha recorrido kilómetros de red logística cuando se confirma el positivo.
Que el virus de la hepatitis A aparezca en un envío de fruta no es, por desgracia, un hallazgo aislado en el balance del último año.
25 alertas en un año: anisakis, hepatitis y bacterias fecales
El cómputo de alertas por productos de Marruecos en doce meses suma 25 casos, con un menú variado: anisakis, hepatitis y bacterias fecales. A la lista se añaden pimientos con uno de los pesticidas más peligrosos para la salud, melones con un plaguicida prohibido que no llegaron a distribuirse, cantidades de cadmio por encima del límite permitido en tomates importados y un aumento de las alertas por aguacates contaminados procedentes de Marruecos y Perú. La mitad de los alimentos marroquíes rechazados por no cumplir los estándares europeos tenían España como destino.
Hay incluso un episodio que roza el esperpento: un cargamento que esperaba melones y traía 25 toneladas de hachís. La frontera, en fin, no solo filtra fruta.
Fresa a 2 euros el kilo y una etiqueta que ya no se cree nadie
El efecto sobre el mercado es medible. El kilo de fresa de Huelva se ha llegado a ver en supermercados a 2 euros, precios de antes de la pandemia, porque la desconfianza hacia el etiquetado de origen de los envasadores nacionales ha vaciado la demanda. En algunos lineales aparecen carteles grandes proclamando origen español, y el consumidor los mira con la misma fe que un cartel de saldo. La mecánica se conoce: un producto de tercer país que pasa circunstancialmente por un territorio y obtiene la etiqueta de procedencia de ese territorio. El «Made in Italy» fabricado en China, aplicado al tomate y a la fresa.
Como curiosidad de lineal, basta mirar el origen de una bolsa de cebollas: Australia y Senegal. En la misma cesta, sin drama aparente.
Aranceles: hasta el 200% de un lado y el 81% del otro
El pulso sanitario se cruza con el comercial y ahí los números son descarnados. Marruecos aplica tasas de hasta el 200% a los productores andaluces, mientras el arancel máximo que la Unión Europea impone a las importaciones marroquíes se queda en el 81%. La asimetría es la base de la acusación de competencia desleal que sostiene parte del sector agrario andaluz. Hay quien defiende que el acuerdo comercial vigente forma parte de una estrategia geopolítica más amplia y que revisarlo tendría costes diplomáticos; en contra pesa un detalle tozudo: la cuenta la paga el mismo productor, campaña tras campaña.
El papeleo que sí se le exige al productor español
Mientras un lote importado cruza la frontera con el sello de la aduana y el análisis pendiente, al agricultor nacional se le pide otra cosa. Un perito de la cooperativa visita cada año las parcelas, recoge muestras de hojas y de tierra, comprueba que no se exceden los abonos y fija el plan de fertilización del ejercicio siguiente. Hay que justificar el agua consumida, firmar una declaración de compromiso sobre fitosanitarios no ecológicos, aprobar un curso básico y rellenar un documento de transporte por cada partida con origen, destino y número de cajas según el tipo de fruta.
Trazabilidad completa para el de dentro. Sello y a ver qué pasa para el de fuera. El contraste explica buena parte de la irritación, y también del desplome de precios.
Con estas cifras sobre la mesa, la pregunta ya no es cuántas alertas más harán falta, sino cuántas partidas seguirán viajando hacia el mercado mientras el resultado del análisis llega por correo.