El libro de texto de 54 euros que solo dura un curso
¿Cuánto cuesta hoy escolarizar a un hijo? Basta sumar las materias: entre 400 y 600 euros solo en manuales. Este año el precio medio de un libro de texto ha llegado a 54 euros, y la cuestión no es solo el desembolso puntual, sino que se repite curso tras curso sin que la familia tenga capacidad de negociación.
De 54 euros por manual a 600 euros por curso
El punto de partida ya es difícil de justificar. Se fabrica una tirada masiva con demanda conocida, los costes por ejemplar son reducidos y las novedades de una edición a otra suelen ser mínimas. Aun así, el precio se mantiene por encima de los 50 euros. El cálculo habitual entre familias con hijos en la ESO sitúa la factura entre 400 y 600 euros por estudiante, sin contar idiomas, cuyos manuales siempre son más caros, ni los textos de oposiciones, que se mueven en otra liga.
La obsolescencia programada tiene páginas y pegatinas
No es una metáfora: está impresa en el diseño. Cambios de adjetivos, corrección de erratas, datos de población actualizados... cualquier excusa vale para que la edición anterior quede obsoleta. El ejemplar lleva además actividades para rellenar, troqueles y pegatines imposibles de despegar; si el alumno no lo deja inservible, la corrección del profesor en bolígrafo remata el trabjo.
El resultado lo comprueba cualquier padre con dos hijos cerca: en una comparación típica, 8 de 12 manuales coincidían entre herm anos, pero ninguno valía para el segundo. El libro de segunda mano, que funcionó durante generaciones, choca con un producto diseñado para consumirse.
El profesor prescribe, la editorial cobra y la familia paga
Falta la pieza que convierte el precio en orden: la decisión de qué libro se usa no es del alumno ni del mercado. Recae en los departamentos didácticos y, a menudo, en el jefe de departamento. Hay quien defiende el manual como guía para que el niño repase; la alternativa, apuntes propios del profesor colgados en el aula virtual, cuesta unos 5 euros por asignatura al año, una décima parte.
La resistencia al cambio no es solo pedagógica. En muchos centros conviven docentes que cuelgan materiales propios y bancos de préstamo con otros que bloquean cualquier sustitución. La asimetría que lo explica es simple: quien elige el libro no es quien lo paga. Y quien lo cobra tiene mucha experiencia en que la elección se repita.
Gratuidad, alquiler y la excepción que confirma la regla
El sistema, ademá,s es territorialmente injusto. Hay comunidades con programas de gratudad, préstamo y bancos de libros, y otras donde la familia lo paga todo, con el matiz de que algunas administraciones conservan programas heredados de gobiernos anteriores. El coste de septiembr e depende así del código postal, no de la renta familira.
Fuera de España, el modelo del alquiler lleva años normalizado en Estados Unidos, donde Amazon ofreció alquiler de manuales hasta 2023. También existen libros de texto con licencia libre en PDF y herramientas de generación automática de materiales. La tecnología ya no es la excusa. El problema es que el cambio incomoda a quien fija los precios.
Con demanda cautiva, precios por encima de 50 euros, ediciones efímeras y un prescriptor que no paga, el negocio funciona con una eficiencia que casi ninguna industria consigue. Su propósito declarado, sin embargo, es educar. Un libro de texto de 54 euros al año por asignatura es, en definitiva, un producto perfecto: se vende siempre, se consume en un curso y no admite devolución. Si el sistema fuera un mercado normal, probablemente valdría cinco. Como es obligatorio, vale 54. Y no queda otra: se paga, se usa, se tira, y en septiembre se vuelve a pagar.