Orriols y Llach: la polémica que divide al independentismo
La víspera del 11 de septiembre, con la Diada a las puertas, la política catalana ha abierto un frente de fricción nuevo. Sílvia Orriols, líder de Aliança Catalana, ha publicado un mensaje con insinuaciones sobre Lluís Llach, icono del catalanismo y una de las voces más reconocibles de la canción en catalán. La respuesta ha sido un incendio cruzado entre sectores que compiten por el mismo espacio político, y ha llegado justo antes de una jornada reivindicativa que ya venía caliente.
Llach no es un personaje cualquiera en ese ecosistema. Nació el 7 de mayo de 1948 en Girona, segundo descendiente de Josep Mar1 Llach i Llach, médico y alcalde de Verges entre 1950 y 1963, y de la maestra María Grande. Además de su carrera musical, es empresario: tiene viñedos y bodegas propias y ha pasado largas temporadas en Senegal, donde posee una casa en la costa.
Qué se insinúa y qué se ha dicho en realidad
El mensaje de Orriols no habla explícitamente de sesso. Ese es, precisamente, el punto que más se repite en las réplicas: buena parte de la respuesta pública asumió una lectura sensual de la insinuación, y hay quien sostiene que ese salto lo dieron sus propios críticos. Otra corriente lo interpreta como un ataque a la vida privada de una persona por su orientación, algo que incluso entre adversarios se considera fuera de juego.
El terreno es resbaladizo. Una insinuación no es una acusación, y una acusación no es una prueba. A la fecha de este texto, nada de lo apuntado ha sido confirmado por ninguna autoridad ni desmentido de forma formal.
Del cantautor al empresario: viñedos y dinero público
El flanco económico es el que menos titulares ha generado y el que más recorrido tiene. Llach compagina la música con la viticultura a través de sus bodegas, y su figura lleva años funcionando como ejemplo recurrente en el debate sobre el entramado de subvenciones que sostiene buena parte de la cultura en Cataluña. La crítica habitual —que un artista con proyección no necesita dinero público— choca con la defensa de un patrimonio musical que, sin apoyo institucional, difícilmente habría llegado tan lejos.
Ahí está gran parte del ruido: se mezcla la obra, el negocio y la subvención en el mismo párrafo. Y el origen familiar del cantautor, burguesía gerundense con alcaldía franquista en Verges, se ha reciclado ahora como munición.
Senegal: el escenario que se cita sin contexto
Senegal aparece en la conversación como un dato geográfico cargado de intención. Conviene el dato frío: en ese país la edad de consentimiento se sitúa en los 16 años y las relaciones gaies están penadas con prisión, con penas que las referencias manejadas sitúan entre los cinco y los diez años. Que un ciudadano europeo con residencia allí sea señalado por ese motivo es, cuando menos, una construcción argumental que mete países, legislaciones y biografías personales en el mismo párrafo.
La Diada estalla en el Fossar de les Moreres
El 11 de septiembre la tensión se trasladó a la calle. Los Mossos d'Esquadra cargaron contra manifestantes antifeixistas que intentaron romper el cordón policial en el Fossar de les Moreres, según los relatos difundidos esa misma jornada, que sitúan a Aliança Catalana como blanco de la protesta. Venían avisando: en Cancelar circulaban carteles anunciando gresca y las previsiones apuntaban a choque.
Un detalle de otra época
Entre los rescoldos aparece una curiosidad literaria que casi nadie recuerda: el novelista Terenci Moix se burló en su día de un cantautor redentorista al que llamó «Lluís Nyap» en una de sus novelas, personaje que se ha querido leer como un retrato velado del propio Llach. El chisme tiene décadas. La polémica, horas.
Dónde se atasca todo esto
Orriols no ha rectificado y Llach no ha entrado al trapo con una respuesta del mismo calibre, al menos de momento. La insinuación queda flotando, sin verificación y sin desmentido, mientras el independentismo sigue partido entre quienes ven una advertencia legítima y quienes ven un ataque sucio. La Diada ya se ha celebrado. El asunto, no. Y ahí sigue, exactamente en el punto donde empezó.