TVE paga por el fútbol femenino que el mercado dejó huérfano
La primera subasta de los derechos audiovisuales de la Liga F terminó con un cero: nadie pujó por una competición que se ofrecía por cinco millones de euros. La segunda ha terminado con DAZN guardándose la totalidad de los partidos y con TVE comprando el lote de cuatro encuentros por jornada que, en la ronda inicial, la corporación pública se negó a sufragar. Nadie ha explicado todavía cuánto ha costado la operación, pero el contribuyente ya sabe quién firma el cheque.
El precio que nadie quiere revelar
Los datos oficiales se quedaron cortos en el momento del anuncio. El reparto es claro: DAZN emitirá toda la competición y TVE la mitad, cuatro partidos por jornada. El precio, no. Los números de la primera ronda siguen siendo la única referencia: cinco millones por la totalidad de la liga y dos millones por el lote que ahora recala en la pública. Las casas de apuestas, dicho sea de paso, lo vieron venir con una claridad insultante: llegaron a ofrecer 1 a 1.000 a que TVE acabaría llevándose esos derechos. Una pista de que el movimiento era más previsible que un resultado en el descuento.
La audiencia que nunca aparece en la nota
Quienes defienden la compra hablan de dar visibilidad al deporte femenino. Quienes la atacan usan los mismos números que siempre: los grandes partidos masculinos de la selección y la Copa reunían entre cinco y seis millones de espectadores, una cifra que permitía recuperar parte de la inversión con patrocinios. Para la Liga F no hay cifras de audiencia que sostengan ese retorno, y una televisión pública sin publicidad tiene pocas vías de reintegrar el desembolso. La pregunta que sobrevuela la operación es si el interés general puede medirse en espectadores o si, como sostienen los críticos, la única audiencia que cuenta es la política.
La factura invisible de cuatro estadios
El coste de los derechos es solo la entrada. Cada jornada con cuatro partidos implica desplegar cámaras, unidades móviles y realización en cuatro campos distintos. Ese gasto, que no aparece en los comunicados, es el que más molesta a los analistas que ponen la lupa en la gestión de la empresa pública. La experiencia de operadores como Correos, con cuentas en pérdidas mientras los privados reparten paquetes con beneficio, no invita a optimismo. Para muchos, el dinero público es un comodín que no rinde cuentas.
Una jugada con segundas lecturas
La compra se produce además en un momento delicado para el fútbol español, con la RFEF en el centro de la polémica. No son pocos los que interpretan la operación como un gesto al sector, alimentado por un Gobierno que ya utiliza la televisión pública como altavoz. Más allá de las sospechas, lo cierto es que la decisión ya está tomada y el dinero, puesto. Lo que falta es la factura final, que, a diferencia de la audiencia, acabará saliendo a la luz cuando ya haya poco que discutir.
¿Quién pagó, cuánto y por qué si el mercado dijo que no? Esa es la única pregunta que importa.