El dilema de las trillizas: ¿modelo erótica, prostituta o zoofilia?
Una modelo erótica que ha mostrado su cuerpo a millones sigue siendo virgen. Una prostituta que ha estado con veinte hombres guarda el secreto. La tercera ha practicado bestialismo con un simio. Son trillizas idénticas de veinte años, y la hipótesis plantea que todas serán fieles de ahora en adelante. La pregunta es: ¿cuál elegirías?
Las opciones y sus paradojas
Laura, la modelo, se ha exhibido en vídeos explícitos, pero nunca ha tenido relaciones sexuales. Lucía, la prostituta, ha ejercido con clientes masculinos, pero nadie lo sabe. Lorena, la tercera, ha cometido actos de bestialismo con un ser considerado inferior. Las tres prometen fidelidad futura y abandono de su pasado. El dilema enfrenta valoraciones distintas: la virginidad frente a la exposición pública, la experiencia frente al riesgo sanitario, y el rechazo moral a la zoofilia.
Los argumentos en liza
Un sector prefiere a la modelo erótica: es virgen, no ha tenido contacto físico con nadie, y su pasado es solo visual. Otro se inclina por la prostituta, argumentando que su experiencia sexual la hará mejor amante y que estará agradecida por dejarlo. La tercera es rechazada casi unánimemente por la transgresión del bestialismo. Sin embargo, surge un matiz: al ser trillizas idénticas, los vídeos de la primera devalúan a las otras, pues cualquiera puede reconocerlas como las mismas. Además, el que hayan sido vistas por millones supone un riesgo de acoso callejero, allanamiento o violencia por parte de obsesivos.
El factor riesgo y reputación
Quienes eligen a la prostituta confían en que nadie lo sepa, pero un error podría exponerla. Quienes eligen a la modelo asumen que su cara es conocida y que siempre habrá quien la identifique. La tercera, por su parte, carga con el mayor estigma. El dilema se convierte en una ecuación de costes y beneficios: seguridad, privacidad, satisfacción sexual y moral.
La respuesta no es unívoca. Cada elección conlleva un trade-off entre pasado y futuro, entre lo que se vio y lo que se vivió. Al final, la decisión refleja la escala de valores de cada uno, y como apuntó algún analista, no elegir también es una elección.
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