Terremoto en Venezuela: el HAARP resurge en la trastienda de la geopolítica
Un terremoto sacudió Venezuela días después de que el ejército de Estados Unidos realizara maniobras en el país simulando una catástrofe natural. La coincidencia ha reavivado las teorías que vinculan el programa HAARP con la capacidad de manipular fenómenos climáticos y sísmicos. Aunque no hay evidencia científica que respalde esas afirmaciones, el patrón de ayuda humanitaria estadounidense inmediata al desastre —que ya ha anunciado su disposición a colaborar— alimenta las sospechas de que el interés no es solo altruista.
El precedente de Fukushima y la referencia japonesa
En el debate resurge un argumento recurrente: la afirmación de un primer ministro de Japón —durante la ocupación estadounidense— que denunció amenazas con una máquina capaz de provocar terremotos. El terremoto y tsunami de Fukushima ocurrieron un 11 de marzo, fecha que para algunos no es casual. Aunque la fiabilidad de esa fuente es dudosa, el hecho de que se repita en contextos de desastres muestra hasta qué punto el imaginario conspirativo se ha instalado.
Maniobras militares y ayuda humanitaria: la secuencia que levanta cejas
El mes pasado, el ejército de Estados Unidos realizó ejercicios en Venezuela bajo el escenario hipotético de una catástrofe. Poco después, el país sufrió un terremoto. Apenas 24 horas del sismo, fuentes oficiales estadounidenses ya anunciaban ayuda. Para los escépticos, el sincronismo es demasiado perfecto: la intervención militar primero, el desastre después y la ayuda humanitaria como caballo de Troya. La historia reciente demuestra que los intereses geopolíticos nunca están ausentes en estas operaciones.
El dato que descoloca
El epicentro del sismo se localizó en una de las zonas más prósperas de Venezuela, con edificios de lujo y supermercados bien surtidos. Para los defensores de la teoría del HAARP, eso no es una coincidencia, sino un mensaje: un toque de atención a las élites. Sea como sea, el terremoto deja más preguntas que certezas, y el HAARP —aunque oficialmente desmantelado— sigue siendo el chivo expiatorio perfecto.