De la pregunta del vecino a la trifulca ideológica: el debate público español se envenena solo
Parecía una pregunta inocente. Una de esas que se planteaban en cualquier sobremesa: ¿te gustaría tenerlo de vecino? A los pocos mensajes, la conversación había derivado hacia una trama geopolítica protagonizada por Estados Unidos e Israel, con acusaciones de traición a la patria, ataques cruzados contra la presidenta de la Comunidad de Madrid y el presidente del Gobierno, y un revisionismo histórico que parece sacado de un panfleto.
Las redes como campo de batalla
El tono, lejos de la anécdota, refleja cómo se ha instalado la polarización en el discurso cotidiano. Da igual que el asunto sea un vecino molesto o un impago; el vocabulario es el de la guerra: descalificación, conspiración y deslealtad. Ya no se discute el fondo, sino el posicionamiento tribal de quien opina.
La mención a episodios del siglo XVI español o a la presencia militar en Cuba se mezcla con una visión apocalíptica del presente. Cuando se corrige el pasado, se hace para adaptarlo a la batalla actual. El pasado importa menos que el uso que se le da.
El costo social de la crispación
Quizá lo más preocupante es que el patrón no es exclusivo de las redes. Reaparece en las tertulias, en los informativos y en el Congreso. El vocabulario varía, la estructura es idéntica.
Con estos mimbres, el vecino en cuestión importa poco. Lo que ha quedado al desnudo es la dificultad de mantener una conversación pública civilizada cuando cada frase se espera como un ataque. La convivencia, a pequeña escala, se resiente. No es el problema del vecino. Es el problema de todos.