Noticia: Susanna Griso: "Tengo amigas hartas de las aplicaciones de citas porque ellos solo quieren trincar"

Susanna Griso y el heteropesimismo: las apps de citas bajo la lupa​

¿Qué fue antes, la queja o el desajuste? La presentadora Susanna Griso ha puesto el dedo en la llaga: tiene amigas hartas de las aplicaciones de citas porque, según sus palabras, “ellos solo quieren sexo”. La declaración, realizada en un momento en que el llamado “heteropesimismo” gana terreno entre las mujeres, ha reabierto un debate que mezcla economía del deseo, sociología de género y un negocio multimillonario que sobrevive precisamente de que nada funcione del todo.

La frase no es anecdótica. Detrás de esa confesión personal se esconde una estadística no escrita: en plataformas como Tinder o Meetic, la brecha de expectativas entre hombres y mujeres es abismal. Este análisis no va de moral, sino de mercado. Cuando el producto (la cita) es un bien escaso que no satisface a ninguna de las dos partes, algo falla en el diseño de la oferta.

La doble queja: ellas buscan compromiso, ellos solo sexo​

La queja de Griso tiene su réplica especular. Si las mujeres aseguran estar “hartas” de que los hombres solo quieran sexo, una corriente no menos ruidosa sostiene que el problema es el inverso: hombres hartos de pagar la cena, el taxi y las copas sin que la cita llegue a ningún lado. En el debate subyace una transacción económica encubierta. Los varones denuncian que muchas mujeres utilizan la aplicación para obtener cenas gratis o ascender en la escala social, y que la expectativa de compromiso es solo una fachada. Mientras, ellas responden que no hay nada de malo en querer una relación estable, y que la sospecha permanente de “pagafantas” hace imposible cualquier acercamiento.

La asimetría es real, pero no es simétrica. En el mercado de las citas, la oferta y la demanda se comportan de forma peculiar: mientras los hombres compiten por la atención, las mujeres filtran. Y al final, ambos lados acaban frustrados. Se produce lo que los economistas llamarían un fallo de coordinación: nadie declara sus intenciones reales, todos juegan a un doble farol y los únicos que ganan son los dueños de la plataforma, que cobran por visibilidad, likes y suscripciones premium.

El factor edad: el mercado no perdona​

Otro de los ejes del debate es la edad. “Esos son problemas de viejas”, resumía una voz en la discusión, apuntando a que la insatisfacción con las apps se concentra en mujeres de más de 45 años. La cruda realidad demográfica es que en Tinder la demanda de mujeres jóvenes supera con mucho a la de mujeres mayores, mientras que los hombres maduros con estabilidad económica se encuentran en una posición de fuerza relativa. El resultado es un desajuste intergeneracional que algunos comentaristas describen con una única frase: “Las de 50 buscan príncipes y se topan con sexo casual; los de 50 buscan sexo casual y se topan con princesas de cuento”.

Esta hipótesis, aunque políticamente incorrecta, tiene una base racional. Las aplicaciones de citas han reducido el coste de buscar pareja a un swipe, lo que ha disparado el número de candidatos potenciales. Y en ese mercado sobreofertado, las preferencias se vuelven radicales: las mujeres privilegian estatus y compromiso; los hombres, juventud y fertilidad. Lo que Susanna llama “heteropesimismo” es, en realidad, el resultado de un choque de expectativas imposibles de reconciliar sin una app que los alinee.

La anécdota que retrata la desolación: citas como entrevistas de trabajo​

Entre los testimonios que circulan, hay uno que lo resume todo: un hombre describe una cita concertada en Meetic en un pub de Valencia, donde la mujer llegó acompañada de un “suplente” mientras ella hablaba con otros dos candidatos en la barra, como quien coge turno en la pescadería. La historia, que se corta en el momento más jugoso, ilustra la mecanización de las relaciones: la cita se ha convertido en un proceso de selección de personal, con currículum, experiencia y expectativas salariales. Otro participante en el debate lo resumía con ironía: “Quedar con una de estas es como una entrevista de trabajo”. El desenlace del encuentro valenciano, que aquí nos ahorramos por prudencia, dice más que cualquier estadística.

La comparación no es casual. Las apps de citas funcionan como un mercado laboral imperfecto, con información asimétrica: nadie dice lo que quiere, ambos partes fingen ser lo que no son, y la única moneda de cambio es la atención. Y como en el mercado laboral, el resultado es una “tasa de paro” emocional altísima, con millones de solteros que no encuentran pareja estable no porque no exista, sino porque el coste de transacción es excesivo.

El negocio de la soledad: quien gana es la plataforma​

Mientras los usuarios se desesperan, Match Group, dueña de Tinder, factura miles de millones de euros al año. El modelo de negocio es sencillo: crear una escasez artificial de coincidencias, vender suscripciones Premium para ver quién te ha dado “me gusta” y monetizar la obsesión. En ese esquema, el “heteropesimismo” de Griso no es una tragedia, es una oportunidad de venta. Cuanto más insatisfechos, más se renueva la búsqueda, más se paga.

La declaración de Susanna Griso, transmitida en horario de máxima audiencia, no va a arreglar nada. Pero al menos pone sobre la mesa un hecho incómodo: hemos construido un sistema de emparejamiento que convierte el amor en un producto de consumo masivo, con fecha de caducidad y devolución garantizada. Los defensores de las apps argumentarán que la libertad de elección nunca ha sido mayor. Cierto. Lo que nadie explica es por qué esa libertad produce tan poca satisfacción. Quizá la respuesta esté en esa vieja ley del comercio: cuando todo es gratis, el producto eres tú. Y nadie quiere ser el producto.
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
Hombres solo buscan sexo y ellas compromiso45%
Ellas también quieren sexo, pero disimulado35%
El problema es la edad y el estándar irreal20%
📌 DATOS
20 euros por un gin tonic en un bar ‘guay’
Tres estrellas Michelin como escenario de una cita soñada
Mujeres de 50 años y hombres de 25-30 como franjas discutidas
❓ PREGUNTAS FRECUENTES
¿Qué es el heteropesimismo que menciona Susanna Griso?
El heteropesimismo es la corriente de desencanto que describe la dificultad creciente de hombres y mujeres heterosexuales para encontrar pareja estable a través de las aplicaciones de citas. El término, que circula en redes sociales, refleja la frustración de quienes acuden a estas plataformas con expectativas de compromiso y se topan con una oferta mayoritaria de sexo casual. Susanna Griso lo usó al afirmar que tiene amigas ‘hartas’ porque los hombres ‘solo quieren follar’. Más allá de la anécdota, el fenómeno tiene una base económica: el desajuste entre oferta y demanda en el mercado de citas digital.
¿Por qué las aplicaciones de citas generan tanto descontento?
Porque el modelo de negocio se basa en la insatisfacción. Las apps como Tinder o Meetic no cobran por encontrar pareja, sino por mantener al usuario enganchado a la búsqueda. La asimetría de intenciones entre hombres (que suelen buscar sexo casual) y mujeres (que en su mayoría buscan relación estable) provoca un choque de expectativas. Además, la sobreoferta de candidatos hace que cada persona sea percibida como sustituible, lo que reduce el incentivo a invertir en una cita real. El resultado es una espiral de desencuentros que beneficia económicamente a las plataformas.
¿Las mujeres también buscan solo sexo en las apps de citas?
Sí, aunque el debate suele presentarlas como más románticas. Diversos testimonios apuntan que las mujeres también usan las aplicaciones para encuentros sexuales puntuales, especialmente cuando no buscan pareja estable. Sin embargo, la presión social y el riesgo de ser juzgadas lleva a muchas a ocultarlo. La diferencia es que los hombres tienden a manifestar abiertamente su intención sexual, mientras que las mujeres suelen disimularla hasta estar seguras de la confianza del candidato. Ese disimulo alimenta la desconfianza mutua y las acusaciones cruzadas.
¿Qué aplicaciones de citas existen más allá de Tinder?
En el debate se citan Tinder como la más conocida y Meetic como una de las pioneras enfocada a relaciones estables. Otras plataformas como Bumble, Grindr (esta solo para hombres) o AdopteUnChico cubren nichos distintos. Cada una tiene su propio modelo: algunas priorizan la geolocalización, otras los algoritmos de compatibilidad, otras la reputación de los usuarios. En todas, el problema de fondo es el mismo: el usuario es el producto y la cosa a encontrar.
💬 POR QUÉ PARTICIPAR
Un relato en primera persona de una cita en Meetic en Valencia que retrata el proceso de selección vivido: dos candidatas esperando mientras la protagonista hablaba con otro en la barra, como quien coge número en la pescadería
El análisis que compara las apps de citas con una entrevista de trabajo, evaluando currículo, experiencia y pretensiones, con la diferencia de que nadie envía el CV y todos fingen
La reflexión sobre la ‘tasa de paro emocional’ derivada del exceso de oferta: a mayor número de candidatos, menor disposición a establecerse
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