Tres de cada cuatro jóvenes suecas habrían votado a la izquierda
Ponga dos votantes suecos sobre la mesa. Si el primero es una mujer menor de 30 años, lo más probable es que su papeleta haya ido al bloque de izquierda. Si el segundo es un hombre de esa misma edad, lo más probable es lo contrario. La brecha de género en el voto escandinavo es, según quienes participan en el debate, muy grande: hasta el 74% de las mujeres jóvenes habría votado a partidos de izquierda, de acuerdo con el cálculo que circula en el hilo.
Una brecha de género que Escandinavia ya conocía
No es, según un participante, un fenómeno nuevo ni exclusivamente sueco. Los datos que cita apuntan a que en Suecia, Dinamarca y Noruega el voto femenino y el masculino llevan años separándose, y que esa separación tiene una traducción laboral muy concreta: alrededor del 50% de las mujeres ocupadas trabaja en el sector público, el porcentaje más alto de Europa, mientras más del 80% de los hombres lo hace en el sector privado.
Ahí está, para algunos, la clave. No se trata solo de ideología, sino de quién paga la nómina a final de mes. Un empleo público estable, con convenio y dependiente del presupuesto estatal, genera incentivos distintos a los de una pyme o una multinacional expuesta al ciclo. La hipótesis más razonable no es que las mujeres sean de izquierdas por naturaleza, sino que su mercado laboral las hace más sensibles a los partidos que defienden el empleo público.
Por qué el Partido Moderado gana entre los 18 y los 21 años
El detalle rompe el relato fácil. Entre los votantes de 18 a 21 años se impuso el Partido Moderado con el 30% de los sufragios, según los datos que cita un participante, y el bloque de la derecha llegó al 50% en esa franja. Entre los menores de 30 años, ambos bloques quedaron casi empatados. La socialdemocracia, en cambio, obtiene sus mejores resultados entre los jubilados.
Es decir: el voto de izquierda no es tanto cosa de jóvenes como de mujeres jóvenes, y el de derecha no es tanto cosa de mayores como de hombres de cualquier edad. Ahí, y no en la edad, está la fractura.
La aritmética del espejo que no cuadra
De ahí sale el razonamiento que más ha circulado: si el 74% de las mujeres jóvenes votó a la izquierda, entonces el 74% de los hombres jóvenes votó a la derecha. La deducción es intuitiva y tramposa. No funciona así: hay abstención, votos en blanco, partidos fuera de los bloques y electores que cambian de lado entre una cita y la siguiente.
Aun con ese margen, la impresión que queda es la de un país partido en dos por sexo y no por edad. El dato que descoloca no es el 74%. Es pensar cuántas democracias europeas descubrirían mañana lo mismo si alguien se molestara en cruzar voto y género en sus propias urnas.