Un recluta ucraniano dispara contra cuatro comisarios militares en Odesa
El último capítulo de la resistencia a la movilización en Ucrania llega desde Odesa. Un ciudadano ucraniano, citado para incorporarse a filas, respondió a balazos cuando cuatro comisarios militares entraron en su domicilio para liquidar la orden de reclutamiento. Según las primeras informaciones difundidas por canales de Telegram, los agentes de la oficina de alistamiento resultaron heridos de bala, y los refuerzos desplegados intentaban asaltar el apartamento del atacante.
Dos lecturas del mismo disparo
El suceso ha reabierto la brecha entre quienes ven la leva como una condena a gloria y quienes consideran que la violencia contra funcionarios no es aceptable. Una corriente mayoritaria en los medios sociales aplaude al tirador, le pide que apunte bien y lamenta que no haya más casos como este. Es la misma lógica que defiende que, ante un verdugo, la salida es llevárselo por delante. Frente a esto, hay quien recuerda que la movilización forzosa no convierte al recluta en blanco fácil y que convertir un caso individual en símbolo solo facilita la propaganda de Moscú.
El eco de Ceuta y el millón de perecid
El episodio ha provocado comparaciones con la crisis migratoria de Ceuta, aunque los términos del símil no cuadran: en la ciudad autónoma no hubo perecid que lamentar, mientras que en Ucrania se siguen citando cifras de bajas imposibles de verificar, como la del millón de soldados perecid. Son números que alimentan el rechazo a ser carne de cañón.
Un final sin cerrar
A la hora de redactar esta pieza, el asalto al domicilio continuaba y se desconocía la suerte del tirador. Lo que el incidente deja claro es que la guerra de desgaste ya no se juega solo en el frente: se juega también en las calles de Odesa, y hay quien prefiere morir de un tiro antes que en las trincheras del Donbás.