Funcionarios contra voluntarios: la fractura en la extinción de incendios
Un debate que resurge cada verano, pero que este año viene cargado de casos concretos: detenciones de bomberos forestales por presunta provocación de incendios, acusaciones de corporativismo y una batalla soterrada por el control de los recursos. Mientras los voluntarios denuncian que se les echa de los operativos, los sindicatos de bomberos profesionales defienden su formación y su puesto. Detrás, un negocio multimillonario en contratas forestales.
Los bomberos forestales bajo sospecha
En las últimas semanas han saltado dos casos que siembran dudas sobre el perfil de los profesionales forestales. Un antiguo bombero forestal fue detenido por un incendio que arrasó 5.100 hectáreas en Granada. Otro fue arrestado en Ávila acusado de provocar tres incendios. Son casos aislados, pero alimentan una desconfianza que algunos sectores vuelcan contra todo el colectivo. No ayuda que la palabra "forestal" se haya convertido a veces en sinónimo de "enchufado" de empresas públicas como TRAGSA.
El conflicto de competencias y el factor político
Detrás de las disputas operativas hay un pulso entre administraciones y cuerpos. Se cuestiona si los bomberos urbanos (con oposición y formación continua) son los más indicados para incendios forestales, y si los voluntarios, con menos preparación pero más arraigo local, son ninguneados. El caso del alcalde de Vox que presuntamente provocó un incendio con una segadora y luego lo negó añade más leña al fuego. La guerra por los puestos, sueldos y plazas es real, y se libra lejos de las llamas.
Con estos mimbres, la próxima temporada de incendios se presenta no solo como un reto climático, sino como un campo de batalla política y laboral. Mientras, el ciudadano de a pie solo espera que apaguen el fuego, sea quien sea el que empuñe la manguera.