Solaria: el suelo no está donde crees
El 23 de febrero, una mañana soleada con poco viento, varias plantas solares tuvieron que desconectarse de la red al mediodía. El motivo: demasiada oferta de energía renovable para un sistema que no puede absorberla. Este episodio, premonitorio de lo que se espera para los próximos meses, es el perfecto ejemplo de la encrucijada en la que se encuentra Solaria, la compañía fotovoltaica que lleva meses en el ojo del huracán bursátil.
Mientras unos ven el vaso medio lleno y esperan un suelo en torno a los 7 euros, otros apuntan a que el valor puede caer hasta los 5. Los hay que incluso descartan visitas a 6,25, como si de un juego de ruleta se tratara. Pero detrás de ese tira y afloja, lo que subyace es una pregunta incómoda: ¿tiene realmente suelo la acción?
El negocio de Solaria: subvenciones, deuda y BOE
Solaria es una empresa que, para muchos, depende más del BOE que de la ingeniería. La sensación de que su modelo se sustenta en subvenciones y no en su propia rentabilidad es recurrente. Un análisis lo resume con crudeza: “Estas empresas se venden como de ingeniería, pero en realidad son abogados que se dedican a pleitear”. Y es que, con barreras de entrada mínimas y márgenes que se comprimen cada vez más, la fotovoltaica se ha convertido en un negocio de todos y de nadie.
La deuda es otro elefante en la habitación. La compañía está “hiperendeudada”, lo que complica cualquier intento de OPA por parte de grandes eléctricas como Repsol o Total. A nadie le gusta comprar un castillo con hipotecas hasta el cuello.
El exceso de oferta: un apagón por saturación
El gran problema del sector es estructural. Con más de 30.000 MW de solar y otros 30.000 MW de eólica conectados a la red, España se enfrenta a un exceso de oferta en horas de máxima producción. La predicción de que muchas plantas tendrán que desconectarse entre febrero y noviembre ya se ha cumplido: el mismo día en que la eólica se desconectó a las 8 de la mañana, la fotovoltaica lo hizo al mediodía. “Quien vierte energía renovable al sistema paga”, dice un inversor con sorna. El vértigo de la transición energética.
La apuesta por el crecimiento y los centros de datos
Hay quien, sin embargo, ve una luz al final del túnel. La compañía tiene planes de duplicar su generación para 2026, y se habla de centros de datos como fuente de demanda. Pero, ¿doblar generación implica doblar beneficios? No, si los precios se desploman y los costes de conexión se disparan. Un ejemplo que se comenta en el debate: firmar un PPA a 40 euros con una eléctrica, mientras el sistema cobra 15 euros por conectarse a la red. Ese diferencial es un aviso para los optimistas.
El dato que descoloca
En medio de este caos, el dato que descoloca es la comparación con First Solar. Mientras que Solaria se debate entre la quiebra y el milagro, First Solar capitaliza las subvenciones 45X en EE. UU. y cotiza cerca de su valor intrínseco. Un inversor desliza que First Solar tiene un potencial de hasta 220 euros, muy por encima de los 173 actuales. La diferencia cualitativa entre ambas compañías es abismal: una es un negocio con fundamentos, la otra un juego de apuestas.
El suelo de Solaria, al final, no parece estar en el precio, sino en la capacidad de la empresa para adaptarse a un sector que la desborda. Si nadie compra la compañía y la deuda sigue creciendo, la caída puede continuar. Los bajistas siguen al acecho, y el apagón solar aún no ha terminado.