Léete este artículo y lo entenderás todo:
De él se desprende que, desde la venta de APAX, inicio de la crisis, los grandes inversores en el valor han decidido tirar por el suelo el prestigio de la compañia, con ciertas complicidades, de manera pública, para volver a comprar acciones cuando llegasen a los 5€. Recuerdo que Vueling se ofertó a 30€ y llegó hasta 45€.
Vueling, un cúmulo de despropósitos
El caso Vueling apesta. De principio a fin. Emana un hedor insoportable que ha anulado la capacidad de pensar de muchos de los que, incrédulos, han observado la montaña rusa por la que discurre el valor, incapaces de reaccionar críticamente ante tanto despropósito. Lo que ha ocurrido no hay por dónde cogerlo y afecta a gestores de la compañía, accionistas, reguladores y bancos de inversión, en la proporción que cada uno les quiera atribuir. Artefacto artefacto peligroso fétida para la transparencia de un mercado que no sale de una para meterse en la siguiente. País, que diría Forges.
Acto primero. La hecatombe. Suspensión 24 horas en bolsa e informe de Goldman Sachs -banco colocador de la firma aérea, ¿verdadera muralla china?-, tras el aviso de menores resultados anunciado por la compañía para el conjunto de 2007. Perla literal: “
Prevemos pérdidas netas en Vueling más allá de 2009 y creemos que no tendrá entonces caja suficiente como para hacer frente a sus compromisos de pago”. Pánico. Obviamente,
recomendación de venta y generoso precio objetivo de 2,5 euros, que, a su juicio, incluiría bien prima de adquisición o bien saneamiento vía ampliación de capital. De lo contrario, valdría, con su cómputo de caja de 110 millones de euros -que reduce a 65 a cierre de 2007-, 0,4 euros. Han leído bien. Menos de un euro por acción. Ustedes entenderán mi ansiedad por recibir un informe tan lesivo para la compañía. Pues bien, cuál no será la sorpresa de este modesto analista cuando descubre que son, chan-tatachán,
cuatro páginas. Bueno, siete si incluimos los disclaimers. A esto se le llama profundidad. En síntesis: fíense de mi, esto está quebrado. Espectacular.
Acto segundo. El rebote.
Vueling publica unos datos de tráfico mejores de lo previsto y se inicia una espiral alcista que le lleva a doblar prácticamente en una semana, lejos, eso sí, de los 47 euros de máximo de los que la compañía disfrutó a principios de este año. Ante la falta de consistencia del argumento principal para la subida, todos los ojos apuntan a una misma dirección:
accionistas interesados en aprovechar los precios bajos para acumular posiciones y dar un giro estratégico a la firma. No hay suspensión de la cotización, ni requerimiento a los principales tenedores de acciones ni nada que se le parezca. Vueling puede estar siendo objeto de una
opa encubierta, -como, de hecho, prueba el requerimiento de Junta Extraordinaria de hoy por parte de Hemisferio que, en definitiva, lo que persigue es la toma del control ejecutivo de la aerolínea. Y qué es una opa, sino eso- y al regulador, tan raudo en alarmar cuando llega la ocasión, le importa más bien nada. Ni está ni se le espera. Bonito ejemplo. Eso sí que es supervisión de mercado. Arenillas que sólo provoca cólicos pero que no receta Buscapina. Ejemplar.
Acto final. El futuro. Cualquiera se atreve a aventurarlo en un momento en que todo el sector aéreo español está en venta: Iberia, Spanair y, ¿la propia Vueling?
Sin embargo, dudo mucho que los Lara sean capaces por sí solos de resolver una crisis que ellos mismos, con su salida del Consejo y la falta de influencia en otros accionistas que iniciaron el derrumbe de la acción, como Apax – ahí terminó el trabajo de Goldman-, contribuyeron a crear. El cambio del equipo gestor es indispensable. Pero modificar la dinámica de funcionamiento de una compañía aérea como Vueling, con unos fuertes compromisos financieros ya adquiridos, requiere de tiempo para diseñar una estrategia acorde al nuevo entorno de mercado y tiempo para implantarla sin que se resienta su operatividad ni el mayor o menor nivel de satisfacción de la clientela, claramente prescriptora en este tipo de aerolíneas. Y si hacemos caso, no sólo a Goldman, sino a Morgan o BBVA, que han publicado informes de menor impacto pero de fondo similar, tiempo, lo que se dice tiempo, es lo que no le sobra a Vueling. Salvo que entre dinero fresco. Prepárense, por tanto, para nuevos socios y una ampliación de capital. Está a la vuelta de la esquina.
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