Las velas para limpiar los oídos que Sanidad desaconseja
¿Sirve de algo meter un cono de tela encerada en el oído y prenderle fuego? La respuesta corta es no. La larga incluye quemaduras en la cara, cera derretida dentro del conducto y tímpanos perforados. Las velas o conos auriculares, vendidos como limpieza natural por succión, no están recomendados por Sanidad, y la Academia Americana de Otorrinolaringología advierte expresamente de su falta de eficacia y de sus riesgos. Aun así el producto sigue vendiéndose y la práctica sigue haciéndose en casa, muchas veces por tradición familiar.
Qué dice Sanidad sobre las velas auriculares
El mecanismo que se les atribuye —aire caliente que sube y arrastra la cera de dentro hacia fuera— no se sostiene. Al introducir el cono y encenderlo pueden producirse quemaduras en el oído o en la cara, obstrucción del conducto por la cera derretida de la propia vela y perforación del tímpano con posible daño auditivo. La Academia Americana de Otorrinolaringología, citada a través de ENT Health, subraya que no hay evidencia de que eliminen la cera. Y conviene decirlo claro: eso no es una vela, es un tubo de papel que arde sin soltar ceniza y que, en teoría, nunca llega a tocar el oído.
El criterio sanitario es incómodo para quien busca soluciones rápidas. La cera sale sola y cumple una función protectora: no es suciedad. Basta con limpiar la parte exterior y no meter bastoncillos. Si hay tapón, la vía razonable es consultar al farmacéutico sobre gotas para ablandarlo.
Jeringa, agua oxigenada y aceite de oliva: el botiquín casero
Frente al cono, la alternativa más extendida es la irrigación doméstica. El protocolo que circula por todas partes: ablandar antes con aceite de oliva aplicado con algodón durante uno o dos días, o con gotas tipo Otocerum o Taponoto, y luego usar una jeringa de 20 ml con agua templada a temperatura corporal, sin excesiva presión y apuntando hacia las paredes del conducto, nunca de frente al tímpano. Dos o tres embites por dirección y, si no sale, toca volver a ablandar y esperar otro día.
Hay más recetas de sobremesa: agua oxigenada de farmacia al 3%, suero de agua de mar purificado tipo Audispray, una cucharada sopera de sal en agua tibia que no pase de 40 grados. Y una advertencia que se repite: el abuelo que quedó medio sordo de tanto limpiarse los oídos. El cosquilleo cuando se disuelve el tapón, dicen los veteranos, da escalofríos.
El negocio detrás: gotas caras, esperas y audífonos de 900 euros
El trasfondo es económico. Las gotas óticas son caras y engorrosas, y la extracción de un tapón en la sanidad pública depende de una cita que puede tardar meses con el oído tapado mientras tanto. De ahí que mucha gente acabe comprando jeringas y aceite y aprendiendo el procedimiento por su cuenta. Circula además la sospecha de que parte del contenido que arrasa en redes sobre limpieza de oídos está patrocinado por vendedores de prótesis auditivas, con equipos de gama media que se citan en torno a 900 euros.
La curiosidad comparada llega desde la India, donde existen limpiadores callejeros de oídos armados con agujas y buen pulso. Allí el problema auditivo se asocia al ruido ambiente constante, no a la cera.
La cera, mientras tanto, sigue saliendo sola. Gratis.