Brexit: recuperar el control, ¿para seguir igual?
Hay una promesa que se repite en la propaganda de todos los divorcios europeos: «recuperaremos el control». El voto por la salida de la UE llevaba impreso ese sello. Pero a la vista de lo que pasa hoy en el Reino Unido, la letra pequeña no cambia: inmigración que se sigue criticando, control bancario con el CRS, restricciones de tráfico con el cuento climático y censura en internet. No hace falta ni estar dentro de la UE para tener su mismo menú.
Hay quien sostiene que el Brexit sirvió para lo esencial: salir del proyecto de una «unión cada vez más estrecha», no adoptar el euro y recuperar el derecho a despedir a los políticos propios cuando fracasan. Era la única forma de echar a alguien, porque en Bruselas no se echa a nadie. Ese argumento tiene su lógica.
La otra corriente lo resume como el cuento de la lechera. Las políticas que se querían evitar no tienen que ver con Bruselas, sino con las élites del sistema global: UE, Estados Unidos, China y todo aquel que maneje los hilos. Votar en Londres no cambia el marco. Hasta la alternativa Commonwealth, esa red comercial heredada del imperio, no acaba de sustituir al mercado europeo: crecen como el resto de Europa, que es no crecer.
El dato que descoloca es que, con o sin UE, el malestar ciudadano se parece. La solución, para los más iconoclastas, sería llevar la autodeterminación hasta los municipios. A ver quién se apunta.