Productividad un 25% al alza, salarios un 10%: ¿por qué no reducimos jornada?
En las últimas décadas, la productividad en España ha crecido un 25%, mientras los salarios reales apenas un 10%. Con esa brecha, la propuesta de reducir la jornada laboral sin tocar sueldos suena a lógica: si las empresas no pueden pagar más, que trabajemos menos. Pero el debate choca contra dos muros: el Estado confiscatorio y los empresarios que, según algunos análisis, prefieren repartir dividendos que aliviar la carga horaria.
El divorcio entre productividad y salarios
Los datos son tozudos. Mientras la productividad por hora trabajada se ha disparado, el poder adquisitivo de los asalariados se ha quedado atrás. Un análisis estima que el incremento de productividad ha sido del 30%, pero los salarios reales solo han subido un 10%. Esa diferencia es el margen que, en teoría, permitiría reducir la jornada sin tocar la nómina neta. Sin embargo, el coste laboral para la empresa incluye cotizaciones sociales que el trabajador no ve.
Dos caras del mismo problema: presión fiscal y márgenes empresariales
Por un lado, la presión fiscal en España supera el 37,3% del PIB en 2023, uno de los crecimientos más altos de la UE desde 2018. De cada 100 euros que cuesta un trabajador, casi 50 se van en impuestos y cotizaciones, según algunos cálculos. Por otro, las grandes empresas como Santander, Iberdrola, BBVA, Inditex, Mercadona o Repsol ganan miles de millones, pero sus salarios medios no reflejan esos beneficios: un técnico de Iberdrola ronda los 31.000 euros, un ingeniero 35.000. Mientras, los consejeros devoran millones. La cuestión es si reducir la jornada laboral con salarios congelados es una solución real o una ilusión contable, ya que, como señala un análisis, tiempo es dinero: si se reduce la jornada, el coste por hora se encarece.
La propuesta de las 30 horas
En otros países europeos ya se trabaja por debajo de las 40 horas semanales. La propuesta de una jornada máxima de 30 horas gana tracción entre quienes consideran que, con los sueldos actuales, la relación esfuerzo-recompensa se ha roto. «Derogar el esclavismo también era malo para la economía», ironiza un argumento recurrente. El PSOE, según los datos del debate, lleva prometiendo reducir la jornada desde 1983, sin éxito. Entre tanto, el coste de vida sigue subiendo y la población activa se siente atrapada.
La pregunta queda abierta: si la productividad crece, ¿a quién va a parar el excedente? ¿A dividendos, a impuestos o al bolsillo del trabajador en forma de tiempo libre? Hasta que alguien responda con datos, el consenso seguirá siendo que algo huele a podrido en el mercado laboral español.