El reguetón hunde a los favoritos del torneo de cultura general
¿Se puede ganar un test de
cultura general sin saber quién canta reguetón? El segundo asalto del torneo que se juega en Kahoot! dejó claro que no. La partida, convocada para el domingo 9 de febrero a las 22:00 en punto y con cinco minutos de cortesía para los rezagados, se resolvió en apenas veinte minutos y con un reguero de bajas ilustres: varios de los aspirantes a podio se estrellaron en las primeras preguntas y arrastraron el resto del examen.
El formato es implacable. Los inscritos reciben un privado diez minutos antes para confirmar que están listos; a las 22:00 llega el enlace y quien no esté, se queda fuera. Diez a veinte minutos de preguntas simultáneas, sin margen para consultar nada.
Un test de temática general que, sobre el papel, no debería romper a nadie con tablas. Sobre el papel.
Qué pasó con las preguntas de reguetón
El punto de fricción no fueron las ciencias ni la historia. Fue la música. Una pregunta sobre un cantante de reguetón que protagonizó un incidente en un evento de streamers desató la ira de media parroquia. El reproche era doble: que el tema no es cultura general y que exigía distinguir entre variantes del nombre artístico que ni quien vio el incidente en directo recuerda.
Hay quien defendió lo contrario. Que el reguetón es hoy cultura popular masiva y que ignorarlo es hacer un test de hace treinta años. La discusión derivó hacia un asunto más de fondo: quién decide qué es cultura general y si los redactores de cada prueba están construyendo exámenes a la medida de sus propios gustos.
La queja más repetida no fue la dificultad, sino la arbitrariedad. Un test de arquitectura, ingeniería o cine de autor pasa por difícil y respetable; uno de música urbana pasa por frikada. El agravio comparativo quedó servido.
El filósofo que nadie conocía y la caída en cadena
Uno de los participantes más críticos reconoció haberse venido abajo en las cuatro primeras preguntas por no identificar a varios filósofos,
Adorno entre ellos, y haber respondido el resto a ciegas. Falló incluso la del último campeón europeo de un mundial, que estaba regalada. Su conclusión fue que el test era un ejercicio de revanchismo y que los organizadores hacen trampas.
La respuesta no se hizo esperar: que un filósofo relativamente conocido tumbe a alguien es responsabilidad de quien no lo conoce, no del redactor. Y que si cada cual montara su prueba con ánimo de venganza, el torneo se iría al garete en tres semanas. El reproche de trampas —preguntas filtradas, grupo interno— quedó sin una sola prueba que lo sostuviera.
El propio damnificado admitió después que su test, el de la ronda anterior, también había sido tildado de difícil. Su defensa: incidía en arqueología, historia, cine y literatura de su gusto, igual que los demás inciden en lo suyo.
Geometrías no euclidianas y santos: el resto del examen
Más allá del reguetón, el test repartió estopa en varios frentes. Una pregunta sobre geometrías no euclidianas generó su propio subdebate: alguien acertó por asociación con
Lovecraft y no con
Lobachevski o
Riemann, lo que sirvió para despachar el clásico pique entre ciencias y letras. También hubo preguntas sobre santos y sobre términos que varios consideraron fuera del ámbito de la cultura general.
El resultado dejó a algunos participantes fuera del top diez por un solo punto, con la sensación de haber fallado lo fácil después de atascarse en lo imposible. Un clásico.
El aviso del siguiente redactor
El tono se tensó cuando uno de los próximos responsables de prueba anunció su intención de vengarse: cinco preguntas de computación, cinco de física cuántica, cinco de ingeniería nuclear y cinco de armonía y contrapunto. La amenaza, medio en broma, resume el problema: un torneo de cultura general sostenido por redactores que quieren lucir su especialidad.
La organización defendió el invento como uno de los pocos espacios sanos que quedan, pidió menos susceptibilidad y recordó que nadie cobra por esto. Otro participante resumió el asunto mejor que cualquier editorial: el nivel no es bajo en los tests, es bajo en las reacciones.
Con estas credenciales, el tercer asalto ya tiene inscritos. Y una pregunta flotando en el aire: ¿alguien se atreverá a preguntar por el reguetón otra vez?