El coche eléctrico pierde su principal ventaja: el impuesto por kilómetro recorrido se abre paso en Europa
Primero fue la subida del precio de la electricidad en los puntos de carga rápida. Ahora, lo que temían los conductores de vehículos eléctricos: un nuevo impuesto sobre los kilómetros recorridos. La lógica es aplastante: los Estados pierden miles de millones en impuestos sobre los hidrocarburos a medida que el parque móvil se electrifica. Y no van a dejar de ingresar.
En el Reino Unido ya se estudia un pago por kilómetro para coches eléctricos. La Unión Europea sigue el debate de cerca. La tentación de gravar el uso en lugar del combustible es demasiado grande para unos gobiernos que necesitan mantener la recaudación. El argumento de la sostenibilidad ambiental se desvanece: se paga por contaminar, pero también por no contaminar.
El sistema de medición sigue siendo la gran incógnita. Se ha descartado el GPS por la polémica que genera el control de la ubicación. Quedan opciones como el kilometraje declarado en la ITV o sistemas basados en el cuentakilómetros. Pero cualquiera que sea el método, el resultado será el mismo: el coche eléctrico dejará de ser ese paraíso fiscal sobre ruedas.
Los defensores del diésel frotan sus manos: «I in LOVE con mydiesel», resume un usuario. El temor a que el coste por kilómetro del eléctrico supere al del diésel de hace 20 años no es descabellado si sumamos carga cara, revisiones obligadas y ahora un impuesto variable. La primera papelina fue gratis; la segunda, a precio de mercado.
Mientras los gobiernos deciden cómo contar los kilómetros, el mensaje para el consumidor es claro: si compraste un eléctrico pensando en ahorrar en impuestos, revisa las cuentas. Porque lo que no se cobra en el surtidor, se cobrará en la carretera.