Santero de 30 años agrede sexualmente a una niña de 13 durante nueve meses en Madrid
¿Qué falla cuando un ritual religioso se convierte en una coartada para la manipulación de una menor? El caso de un babalawo venezolano de 30 años que, durante nueve meses, agredió sexualmente a una niña española de 13 años en Madrid ha reabierto el debate sobre los límites de las prácticas espirituales no reguladas. Según la investigación, el hombre utilizó su posición de autoridad religiosa para someter a la menor a todo tipo de abusos, incluyendo penetración sin protección y petición de grabaciones. La situación se destapó tras un intento de suicidio de la víctima el 2 de agosto de 2022, que requirió ingreso psiquiátrico. El coste de esta tragedia no es solo humano: la atención sanitaria, judicial y social recae sobre el sistema público.
El perfil del agresor y la manipulación religiosa
El detenido, un santero o babalawo, aprovechó su rol en rituales de santería para establecer un vínculo de dependencia. La menor declaró que los encuentros eran casi diarios e incluían penetración vaginal, anal y tocamientos. Nunca usaba preservativo y le exigía grabar vídeos que luego debía borrar. La santería, una religión de origen afrocubano, no prescribe estos actos; sin embargo, ciertos practicantes desviados la utilizan para justificar abusos. En este caso, el agresor explotó la vulnerabilidad de la niña y la falta de supervisión familiar.
Las consecuencias para la víctima y el sistema
El intento de suicidio de la menor evidencia el trauma. Ingresada en el Servicio Psiquiátrico del Hospital Gómez Ulla, su recuperación será larga. Más allá del drama individual, cabe preguntarse cuánto cuesta a la sociedad un caso así: semanas de hospitalización, terapia futura, y un proceso judicial que se alargará años. Mientras, el agresor enfrenta cargos por agresión sexual continuada. La ironía es que, en nombre de una supuesta espiritualidad, se causó un daño irreparable.
Sigue siendo un caso aislado, pero la pregunta incómoda persiste: ¿cuántos casos similares no se denuncian por miedo o por la cobertura de lo sagrado?