Multado por arreglar lo que el Ayuntamiento no cuida
¿Qué ocurre cuando un ciudadano se cansa de esperar y decide reparar por su cuenta el mobiliario urbano deteriorado? En Cancelar, un vecino de la calle del Cos lo comprobó en sus carnes: plantó cinco árboles en alcorques vacíos, restauró dos bancos medio destruidos y arregló siete losas que eran un peligro para los peatones. El resultado no fue un reconocimiento, sino una sanción por "incivismo".
La reparación que salió cara
Según la información publicada, el vecino llevaba años reclamando al consistorio que actuara sobre esos desperfectos. Sin respuesta, tomó la iniciativa. En cuestión de horas y con unos 100-200€ en materiales, dejó la zona en condiciones. El problema es que, al hacerlo, se saltó el protocolo: cualquier intervención en el espacio público, aunque sea una mejora, requiere autorización municipal. La multa por "incivismo" se basó en que alteró el mobiliario sin permiso.
La paradoja es que, de haberlo hecho el Ayuntamiento, el coste habría sido astronómicamente mayor. Las estimaciones apuntan a que una reparación similar contratada a una empresa externa habría supuesto varios miles de euros, incluyendo subcontratas y, presuntamente, comisiones. El vecino no solo ahorró dinero público, sino que eliminó la necesidad de una adjudicación a dedo.
La sombra de la corrupción municipal
El caso ha reabierto el debate sobre la gestión municipal del mantenimiento urbano. Hay quien sostiene que la sanción no es tanto por la actuación en sí, sino por dejar en evidencia al consistorio. Si un ciudadano demuestra que puede hacer el trabajo mejor y más barato, se pone en cuestión todo el sistema de contratación pública. No es descabellado pensar que la multa busca disuadir a otros imitadores.
De hecho, algunos comparan esta situación con la de funcionarios que, al sentirse cuestionados, reaccionan con sanciones desproporcionadas. El problema de fondo es la falta de respuesta institucional: si el Ayuntamiento hubiera atendido las reclamaciones a tiempo, el vecino no habría tenido que intervenir.
Una tradición de jardinería 'amateur'… y sus riesgos
Curiosamente, no es un caso aislado. Existen grupos de reforestación amateur que, en distintas ciudades, plantan árboles en solares vacíos o reparan bancos, siempre con el temor de ser denunciados. En sus foros comparten consejos sobre cómo hacerlo sin ser detectados, como actuar de noche o usar materiales que no desentonen. Es una especie de guerrilla urbana que revela la desconexión entre la administración y las necesidades ciudadanas.
¿Y ahora qué?
El vecino multado tiene opciones: recurrir la sanción por la vía administrativa o incluso querellarse contra el funcionario que firmó la multa por prevaricación, ya que forzar la restitución del mobiliario al estado anterior implicaría destruir lo reparado con dinero público, lo que sería absurdo. La vía judicial es larga, pero algunos antecedentes muestran que denunciar a fiscalía puede dar resultados, aunque las causas suelen desaparecer.
Mientras tanto, la ironía es mayúscula: en una ciudad donde los árboles no se plantan, los bancos se pudren y las aceras se rompen, el único que hizo algo fue sancionado. Quizá el siguiente paso sea multar a quien recoja la cochambre que otros tiran.