Sánchez, Andorra y el cálculo fiscal de sus vacaciones
Andorra es ya un clásico del verano presidencial. Este año toca de nuevo: el presidente vuelve a aparecer en el Principado, y la escena se repite con la regularidad de un almanaque. Las críticas, también.
El ahorro que no se cuenta
La cuestión de fondo va más allá del chascarrillo. Para quienes lo señalan, Andorra ofrece un precio más contenido en productos con impuestos especiales: licores, tabaco y combustible. La diferencia de IVA se nota. No es ilegal, pero la imagen de quien predica una cosa y hace otra alimenta la ironía. Hay quien incluso menciona la banca local, aunque no existen datos públicos que lo confirmen.
Medios oficiales y doble rasero
El uso de medios oficiales, como el Falcon o el Super Puma, añade leña al fuego. La broma recurrente sobre la contribución al calentamiento global esconde un debate real: ¿dónde termina el desplazamiento institucional y empieza el personal? La separación nunca queda clara.
El silencio de la oposición
La política tampoco ayuda. El presidente gobierna gracias a una coalición de partidos que nunca se ha pronunciado claramente sobre estos hábitos. La oposición, por su parte, ni siquiera ha presentado una moción de censura para forzar el retrato de sus socios. Curioso silencio bilateral.
La anécdota final la ponen los números: antes de aterrizar en Andorra, el presidente acumulaba 27 días en el Palacio de La Mareta. Sumen lo que se quiera y entenderán por qué vienen con cansancio. Puede que el próximo verano cambien de destino, pero visto el historial, lo más probable es que Andorra vuelva a aparecer en la agenda presidencial. Y con ella, las mismas preguntas sin responder.