Ruben Girlsberth y la teoría de que las nubes desaparecen de Europa: entre la geoingeniería y el escepticismo
Un vídeo del influencer Ruben Girlsberth ha reavivado el debate sobre la manipulación climática en Europa. Su tesis: están retirando las nubes del continente, y por eso las olas de calor se han vuelto insoportables. La idea no es nueva, pero ha encontrado un eco particular en foros donde se discute desde la supuesta fumigación con chemtrails hasta la existencia de radares geoclimáticos capaces de ionizar la atmósfera. ¿Hay algo de cierto o es una teoría más que se nutre de la desconfianza hacia el relato oficial?
La base del argumento: de los chemtrails a los radares
Los defensores de la teoría señalan que las estelas persistentes en el cielo no son vapor de agua, sino aerosoles que disipan las nubes. Un punto recurrente es el caso de Irán: tras bombardear radares estadounidenses en la región, la lluvia regresó después de una larga sequía. La explicación, según algunos, es que esos radares estaban modificando el clima. También se citan programas militares históricos como la Operación Popeye en Vietnam, donde se sembraban nubes para alargar los monzones. La pregunta que flota es: si se puede modificar el clima para que llueva, ¿por qué no también para que deje de llover?
Las voces escépticas: «no se puede alterar el clima»
Frente a estas afirmaciones, una corriente recalca que la modificación climática a gran escala es tecnológicamente inviable. Se menciona que la superficie de la UE requeriría una flota de aviones imposible para «robar» las nubes. Ingenieros aeronáuticos consultados confiesan no tener ni idea del asunto, lo que alimenta la sospecha de que el conocimiento está compartimentado. Otros argumentan que las olas de calor tienen explicaciones más terrenales: la falta de masa forestal y la mala gestión del territorio.
El factor bosque: ¿España no tiene árboles?
Uno de los debates derivados cuestiona la pérdida de masa forestal. Mientras algunos aseguran que España es el tercer país de Europa en superficie arbolada, otros responden con la percepción del ciudadano: «está todo pelado». Los datos de Worldometers señalan que España tiene efectivamente más masa forestal que Francia, pero los incendios recurrentes y la sustitución de encinares por placas solares generan una sensación de desierto. La cuestión de fondo es si la falta de sombra y humedad contribuye al calor extremo, más allá de las teorías conspirativas.
El dato que descoloca
Con todo, la paradoja persiste: España cuenta con más árboles que sus vecinos, pero las olas de calor castigan sin piedad. Mientras unos apuntan a los chemtrails y otros a la desidia administrativa, lo cierto es que el verano de 2025 está dejando registros que cuesta explicar solo con el cambio climático. Quizá la respuesta no esté en el cielo, sino en el suelo que pisamos.