La rotura de un glaciar en Nepal desata una ola mortal: cientos de muertos
¿Cuánto vale una vida en un valle del Himalaya? La pregunta suena macabra, pero es la única que tiene sentido después de que un glaciar reventara sobre el río Bhote Koshi y lanzara una pared de agua, lodo y rocas sobre decenas de poblaciones en la frontera entre Nepal y el Tíbet. Cientos de muertos y miles de desaparecidos, según las primeras estimaciones, y una infraestructura hidroeléctrica entera atrapada bajo toneladas de sedimento. El desastre, ocurrido a finales del verano, ha reactivado el debate sobre la insensatez de construir en el fondo de los valles glaciares.
El terremoto que encendió la mecha
El ministro de Asuntos Exteriores de Nepal, Shishir Khanal, compareció ante la Cámara de Representantes con una explicación que no deja indiferente: un terremoto registrado a las 8:37 de la mañana, hora local, habría provocado un gran desprendimiento. La masa de tierra tapó el curso del río Bhote Koshi y acumuló una gran cantidad de agua. Cuando el bloqueo se rompió, el agua bajó con fuerza hacia las zonas habitadas. La secuencia es clásica: terremoto, tapón natural, embalse improvisado y, finalmente, una ola que arrasa todo lo que encuentra a su paso. El seísmo, de magnitud aún no precisada, fue el detonante, pero el verdadero problema es que el valle estaba lleno. De casas, de carreteras, de infraestructura crítica.
Construir donde la montaña avisa
Hay un antecedente español que los manuales no suelen citar: la riada del río Cares, provocada por un efecto foehn que derritió de forma súbita nieve acumulada en Valdeón. La montaña vibró como si fuese un terremoto y el río movió rocas inmensas como si nada; no quedó en pie más que un puente. La diferencia es que entonces no había cámaras en todos los bolsillos. Ahora las hay, y los vídeos muestran la brutalidad del fenómeno: gente corriendo, vehículos engullidos, edificios de varias plantas tragados por el lodo. Nada que ver con una inundación convencional. Esto es terreno irrecuperable: las toneladas de sedimento dejan el valle inservible durante generaciones. Aun así, se sigue construyendo en el lecho de los ríos. Biescas fue el aviso en 1996; el Bhote Koshi es la confirmación.
La factura de la energía hidroeléctrica
El río Bhote Koshi no es un río cualquiera: a lo largo de su curso se levantan varias centrales hidroeléctricas, con sus túneles excavados en la roca. En el momento de la riada, unos 300 trabajadores estaban atrapados en esos túneles. Según las informaciones que manejaban los servicios de rescate, 200 fueron sacados con vida por el ejército. El resto permanece en paradero desconocido. La factura de este desastre no se mide solo en vidas: los proyectos hidroeléctricos en la región suponen inversiones millonarias que ahora están bajo toneladas de lodo. A la espera de que se conozca el alcance del daño, la pregunta es si estas infraestructuras tenían sistemas de alerta temprana. La respuesta, vista la secuencia de los hechos, parece evidente.
Lo que la DANA enseñó (y Nepal demuestra)
Los gobiernos de China y Nepal movilizaron a sus ejércitos desde el minuto uno. En un país normal, eso se llama reacción. En España, la comparación surge sola: durante la DANA de Valencia, la movilización no fue inmediata y aún hoy se discute quién tenía las competencias. Hay quien sostiene que la tragedia se usa para atacar al Gobierno de turno, y hay quien responde que la diferencia entre la gestión china y la española no es ideológica, es logística. Mientras tanto, en Nepal, los equipos de rescate siguen excavando en busca de cuerpos. La montaña no entiende de competencias ni de discursos. Solo entiende de física: el agua, tarde o temprano, baja.
El planeta no nos va a exterminar. Se limita a recordarnos que el riesgo no se negocia con aranceles ni con tuits. Cuando el hielo se rompe, no pregunta de qué partido eres.