El 'elige una' de dos fotos de la misma modelo: la trampa está en el baño
¿Con cuál te quedas: la primera o la segunda? La pregunta se responde con seguridad y acaba con quien la plantea sentenciando que las dos imágenes son
de la misma modelo. El clásico 'elige una' convertido en trampa: no hay dos mujeres, hay una sola modelo.
La broma, según quien la lanzó, dura
una semana. Y a partir de ahí llega lo interesante. Porque cuando el supuesto dilema se cae, el personal se queda mirando el fondo de la foto y empieza a debatir sobre lo único que de verdad varía: el cuarto de baño.
El baño como radiografía de clase social
Hay quien aplica el ojo de tasador y su veredicto es tajante: el alicatado de la primera estancia gana por goleada. Según ese análisis,
porcelánico de espesor mínimo 10 mm, colocado con gel H40 S2, y un jacuzzi en primer plano. Lectura del forero: vida resuelta y nadie cargando palés.
La otra estancia es una
declaración de intenciones en toda regla: pasta roja Paco de 20x20 en brillo, juntas negruzcas y un pavés en lugar de ventana, que ese mismo forero interpreta como baño interior sin ventilación. Traducción de su análisis: esa casa te está avisando de que tu jornada laboral allí va a ser de
entre 75 y 90 horas semanales en turno partido. El jacuzzi era el cebo; la pasta Paco, el contrato.
Ahí está la brecha de curiosidad del asunto, y ahí se rompe el meme: lo que parecía una elección estética entre dos fotos es, en realidad, una elección entre dos modos de vida. Y ninguna de las dos la eliges tú.
Del píxel a la nostalgia: quinis, momios y talegos
A mitad de conversación el asunto deriva, como suele. De comparar azulejos se pasa a comparar épocas, y aparece el vocabulario monetario de antes del euro, según el relato de un forero veterano: el
quini, que eran 500 pesetas; el
momio, 10.000; el talego, con el que, siempre según su relato, se entraba en casi cualquier discoteca de la época. Un salario mínimo que, según esa misma versión, no llegaba a cinco quinis al día daba, aun así, para una juerga de fin de semana entera.
Conviene pararse aquí. La nostalgia no es un dato económico, pero el dato económico sí está dentro de la nostalgia: cinco quinis diarios, un momio bien administrado y la sensación, muy repetida, de que
eran libres y no lo sabían. Un ajuste de cuentas sentimental con las pelas que ya no existen.
De fondo, la identificación a medias de un rostro televisivo de la Cataluña de los noventa: un forero cree reconocer en esa modelo a una presentadora de un canal catalán, mientras otros no logran encajarla. La memoria colectiva hace aguas, como el porcelánico sin junta.
Qué queda cuando el truco se desmonta
Resumiendo el recorrido: dos fotos de la misma modelo vendidas como disyuntiva, un fondo de baño leído como radiografía de clase y una digresión final sobre las pesetas. La elección, al final, era entre dos baños distintos para una misma protagonista. Un dilema de mentira con una respuesta muy real: la que te toca por nómina. Bonita forma de no elegir nada.