Ceuta: patrullas vecinales ante el vacío del Estado
La ciudad autónoma ha llegado a un punto en el que la defensa de la frontera recae sobre los propios vecinos. Organizar patrullas, asegurar el suministro de agua y comida, y valorar si toca vender la casa y marcharse son las tres respuestas que circulan entre los residentes ante la falta de reacción estatal. No es un debate identitario, sino un cálculo económico de consecuencias.
¿Vender y empezar de cero?
La opción más citada es la salida. Hay quien sostiene que lo más racional es vender la vivienda al mejor postor y trasladarse a la península, especialmente los más jóvenes. Para quienes tienen empresas, sin embargo, el coste de reiniciar el negocio fuera de Ceuta es altísimo, y se reclaman ayudas específicas para los ceutíes que quieran establecerse en el resto de España. La falta de agua y comida actúa como detonante de esa decisión.
La vía militar y la ironía del armamento casero
En el extremo opuesto, un sector defiende el cierre total y la militarización: denunciar el Tratado de Ottawa y minar los perímetros para que cualquier posible invasor asuma un coste inasumible. La propuesta choca con la legalidad internacional, pero refleja la desconfianza hacia el Estado. Entre tanto, la ironía no falta: hay quien sugiere fabricar proyectiles caseros de tocino congelado en calibre 7.62 y encomendarlos a Santa Bárbara, patrona de los artilleros.
El denominador común es el diagnóstico: el Estado no está, y eso tiene un precio que los habitantes ya están pagando. ¿Cuánto vale una vivienda en una ciudad donde la seguridad depende de tus propios vecinos? La respuesta, por ahora, es una incógnita.