Renko vuelve en audio: del Teide en erupción al pánico a la IA
Hay pseudónimos que funcionan como una franquicia. Llevan años anunciando el colapso, fallan la fecha una y otra vez y, aun así, cada regreso reúne público. El que firma como Renko es uno de ellos, y su vuelta —esta vez en formato audio, micropodcasts repartidos por enlace— ha vuelto a activar a una comunidad que parecía dispersa. La predicción de cabecera: una erupción del Teide, no natural, sino provocada. El disparador, un eclipse. Y una novedad que lo cambia todo respecto a sus etapas anteriores: los seguidores, saturados de texto, ahora escuchan.
El Teide, el eclipse y el agujero de Trevejos
El relato tiene geografía concreta. Apunta a Trevejos, en Vilaflor (Tenerife), como el punto desde el que se habría preparado el supuesto detonante. No es un nombre al azar: en el terreno técnico se recuerda el sondeo de Trevejos, que algunos vincularon al repunte de sismicidad de 2004. Sobre esa base vieja se construye la tesis nueva: unas perforaciones de geotermia de alta entalpía —que inyectan agua fría para recuperarla como vapor— podrían, si tocan donde no deben, alterar el equilibrio del sistema volcánico.
La discusión seria exige un matiz que el relato simplifica. La idea de «extraer lava» es materialmente imposible, porque ningún equipo resiste esas temperaturas. Lo que sí admite debate es la sismicidad inducida por sondeos profundos. Los datos sísmicos del IGN y los estudios del IGME sobre la geotermia en las Cañadas son la referencia que se cita para contrastar. Nadie ha demostrado que un sondeo pueda despertar al Teide a voluntad; tampoco que sea del todo inocuo. Y esa zona gris, precisamente, es la que alimenta la sospecha.
El relato del caos y su parte incómoda
A la erupción se le añadía una segunda capa: disturbios en la calle y un discurso alarmista sobre la inmi gración que buena parte del propio círculo rechazó de plano. Es uno de los rasgos del género: la predicción catastrófica se envuelve en una narrativa social que exagera tensiones reales hasta convertirlas en amenaza existencial. La fecha, eso sí, siempre llega y siempre pasa.
Del volcán a la inteligencia artificial
Lo más llamativo de este regreso no es el volcán, sino el giro. El grueso de la discusión acabó derivando hacia la inteligencia artificial. Allí aparecieron nombres y documentos verificables: las advertencias de Dario Amodei sobre moderar el crecimiento de capacidades y una hoja de ruta de tres pasos —evaluadores externos con acceso amplio, coordinación entre países democráticos y acuerdos internacionales verificables, incluida China—. La comparación con la aviación comercial y con una organización internacional al estilo de la OACI se repitió hasta la saciedad. El razonamiento que se impuso: la «alineación», es decir, que un sistema persiga objetivos compatibles con lo humano incluso sin supervisión, es el problema central. Y la velocidad, el motivo de que cada vez más actores serios hablen de frenar. Hace unos años esa conversación era marginal; ahora está en primera plana.
La comunidad también duda
Conviene no caricaturizar. Dentro del propio círculo hay escepticismo duro. Una frase resume el sentir de los veteranos: el profeta siempre falla el timing. Hubo quien bromeó con que la única forma de creer era que apareciera un personaje concreto, se desearon «velas zain» y se celebró, con sorna, la desaparición de un colaborador que borró su cuenta sin avisar. La comunidad, contra lo que suele suponerse, sabe reírse de su propio relato.
Ahí se atasca el análisis
El eclipse pasó. El Teide no entró en erupción. La señal volvió a quedar sin cumplir y, aun así, la maquinaria sigue engrasada, reciclada ahora hacia el temor a la IA. Al final, la pregunta incómoda no es si el volcán despertará, sino por qué un relato que falla de forma sistemática sigue encontrando a quién contárselo. Con ese interrogante, y no con una respuesta, se cierra esta crónica.
Nota: las predicciones citadas proceden de narrativas difundidas en plataformas digitales y ninguna ha sido confirmada por fuentes oficiales.