Remar fuerte no te asciende: la paradoja del esfuerzo en el trabajo
La imagen del remador que no recibe ascenso, sino otro remo, resume una queja recurrente en el análisis del mercado laboral: el esfuerzo no se traduce en promoción, sino en más trabajo. La idea, atribuible a la sabiduría popular, gana fuerza cuando se examinan las variables que realmente mueven los ascensos dentro de las empresas.
El enchufe como variable oculta
Un sector del análisis sostiene que los puestos de responsabilidad se ocupan por contactos, no por rendimiento. La expresión "los que peor trabajan son los que mejores puestos tienen" condensa una percepción extendida: la meritocracia formal convive con una red de favores que decide los movimientos internos. En este escenario, el trabajo extra no es una inversión sino un sacrificio sin retorno.
La otra lectura: la sustituibilidad del trabajador
Frente a ese diagnóstico, hay quien señala que el esfuerzo no basta si no va acompañado de habilidades difíciles de reemplazar. "La mayoría somos más sustituibles de lo que creemos", argumentan: si el ascenso no llega, quizá falte algo más que horas de trabajo. La diferencia está en si la culpa es del sistema o de la falta de valor diferencial.
La resistencia pasiva y el cinismo como respuesta
La respuesta más lúcida llega con el "yo no remo": la decisión consciente de no participar en una dinámica que solo premia con más carga. El término, que juega con la figura del funcionario que esquiva el trabajo, apunta a una estrategia de desenganche ante un sistema percibido como injusto.
La cuestión que queda en el aire: si el esfuerzo no es la vía, ¿cuál es el plan para quien no tiene contactos? ¿Seguir remando o soltar el remo?