La luz de madrugada se desploma hasta 0,0151 €/kWh
A las cinco de la madrugada del 21 de noviembre de 2015 el precio de la luz cayó a 0,024 euros por kilovatio hora. En el hilo se citan registros aún más bajos: 0,021 euros en tarifa con discriminación horaria, 0,0166 y, ya de madrugada, 0,0151. El operador del mercado, OMIE, marcaba 7,20 euros por megavatio hora. Ninguno de esos números es el precio medio que paga un hogar, y de ahí venía todo el lío.
¿Por qué el viento hunde el precio de la luz?
El viento explica casi todo. La generación eólica pasó de 55 GWh el día 19 a 172 GWh en la jornada siguiente: el 40% del mix fue renovable y la eólica aportó el 26% del total generado. Con la demanda en 675 GWh —baja para la época y para ser viernes, porque no hacía frío— sobraba oferta por todas partes.
La nuclear entra con preferencia porque no se arranca ni se para a capricho, y la eólica y la fotovoltaica ofertan a precio cero porque el viento y el sol no se guardan para más tarde. Cuando la oferta cubre la demanda, todas las centrales cobran el precio de la más cara que ha entrado. Ese día la más cara era barata, y el primer reactor de Ascó estaba en recarga programada.
De ahí la ironía: la facturación por horas dejó a la vista lo que antes quedaba enterrado en una media. Quien mira la gráfica debe saber que el tramo de «las 5» cubre de las 04:00 a las 04:59, así que la lavadora se pone a las cuatro, no a las cinco. Hubo quien, viendo el 0,0151, anunció que aprovechaba para planchar las camisas. La frase resume el problema: el ahorro exige estar despierto a horas en las que casi nadie lo está.
¿Por qué el precio de madrugada no es el precio de la factura?
Un pico de 0,024 euros no es lo que paga un hogar de media. El cálculo que circula es que el promedio del horario valle de dos meses seguidos se quedó en 0,062 euros por kilovatio, sin impuestos. Cuatro veces más que el mínimo de 0,0151.
La defensa de la discriminación horaria sostiene que en invierno, concentrando el consumo entre la una y las seis de la mañana, se puede conseguir una media de 0,045 euros o menos. Quien lo discute responde que eso exige una inercia térmica o unos acumuladores que no toda casa tiene. Y que los programadores horarios gastan: un vatio los mecánicos, más de diez los electrónicos. A lo largo del año, eso pesa.
La pelea por el «récord»: 0,0151 euros frente a cero
Nadie se pone de acuerdo en qué es un récord. Una parte sostiene que el suelo real es cero, y que se ha dado varias veces en los dos últimos años, cuando la oferta renovable desborda la demanda. Otra lo acota a la era de la facturación por horas.
Entre medias, hay quien recuerda que desde mayo de 2014 los precios rara vez bajan de 40 euros por megavatio hora, ni de noche. Los episodios de dos céntimos son la excepción, no la norma del mercado.
Contadores, tarifas y facturas que sí se pagan
Un participante con 2,3 kW de potencia contratada, tarifa regulada y bono social declara consumos de 55 a 70 kWh al mes y facturas de 12 a 17 euros. Según otro usuario, sus facturas del periodo fueron de 26,23 euros en noviembre de 2015, 30,09 en diciembre, 22,93 en enero de 2016, 32,20 en febrero y 27,12 en marzo. Cifras modestas, pero de un perfil muy concreto de consumidor.
El bono social recorta un 25% del total y exige estar en mercado regulado, no en una tarifa libre. Y hay un cobro que se coló: el alquiler del contador digital. Si está telegestionado se cobra 0,81 euros al mes; si no lo está, 0,54. Una denuncia de Facua y un pronunciamiento de la CNMC confirmaron el cobro indebido.
A eso se suma el desfase administrativo: hubo recibos con 19 días de facturación en lugar de los 30 habituales, lo que rompe cualquier comparación de consumo mes a mes y descoloca al usuario que vigila su gasto.
De la luz barata al suelo de 2018
El ciclo se dio la vuelta. En agosto de 2018 los precios dejaron de ser una anécdota nocturna: 9 céntimos en horario valle y 16 en punta. La lectura política se disparó: un participante sostuvo que el oligopolio «ya le ha cogido el punto» al mercado continuado, que las paradas de las nucleares francesas eran la excusa y que la salida del ministro José Manuel Soria dejó el terreno libre. Otro respondió con un escueto «¿Gracias a Soria?».
Con esos ingredientes —precio del mercado, potencia contratada, bono social, alquiler del contador y hábitos de cada casa— el 0,0151 euros de una madrugada se queda en anécdota. Cierta, comprobable y, para la mayoría de los mortales, difícil de aprovechar. El análisis se atasca justo ahí: en el salto entre el dato del mercado y el recibo que llega a casa.