Tierras gratis en «Nueva Rusia»: el plan que divide a los posibles colonos
Un concejal de una ciudad cercana a Ucrania ha planteado la posibilidad de ofrecer terrenos en los nuevos territorios a colonos una vez se alcance la paz, un modelo similar al que se aplicó en Siberia. La propuesta, lanzada en un contexto de debate sobre el futuro de las zonas en disputa, ha generado una discusión que mezcla el interés económico por la tierra más fértil del planeta con los riesgos de instalarse en un territorio que sigue siendo un polvorín. ¿Merece la pena? Depende de a quién se pregunte.
Qué se ofrece y qué se pide a cambio
El atractivo principal es la tierra. Según se detalla en la discusión, en la región de Primorskiy Kray, en el extremo oriente ruso, se ofrece
una hectárea de tierra gratis por cada miembro de la familia, con la condición de residir allí al menos cinco años y desarrollar el terreno, ya sea construyendo una vivienda o dedicándolo a la agricultura. Si se cumplen las condiciones, la propiedad se transfiere al colono. Además, se mencionan trámites acelerados para obtener la ciudadanía rusa, en torno a
tres meses, un requisito previo para poder optar a la hectárea. Kaliningrado, por su parte, se presenta como el punto más próximo a Europa, con un clima que se describe como soberbio.
El perfil del posible colono que emerge en la conversación no es el de un granjero profesional. Hay quien fantasea con
una casa con terrenito y una ucraniana para procrear, y quien valora la posibilidad de criar a los hijos lejos de lo que considera la decadencia cultural de Occidente. La idea de una comunidad de españoles con valores tradicionales se abre paso entre los mensajes, aunque no todos lo ven claro.
Los riesgos sobre el terreno
La seguridad es el principal freno. Un participante advierte de que se trata de
territorio robado donde en cualquier momento te cagan el alma con un HIMARs, en referencia a los ataques con misiles. Otro recuerda que ni los prorrusos más acérrimos se plantean mudarse a Rusia, y que incluso figuras conocidas del ámbito prorruso residen en España y han dejado de visitar el país. La posibilidad de que la zona vuelva a ser un frente activo pesa como una losa.
A esto se suma el factor humano. Se menciona la
dedovshchina, el sistema de novatadas violentas en el ejército ruso, como ejemplo de los problemas sociales que pueden encontrarse los recién llegados. Y hay quien advierte de que una repoblación con occidentales podría llevar consigo costumbres y valores que chocarían con la idiosincrasia local, generando tensiones.
Quién debería poblar esos territorios
Las opiniones se dividen. Una corriente sostiene que lo lógico es
dar tierras a los soldados licenciados que han luchado por ellas y convertirlos en milicias defensivas territoriales. Otra aboga por promover la natalidad rusa como principal vía de repoblación, en lugar de importar colonos extranjeros. Y una tercera, minoritaria, ve con buenos ojos la llegada de familias españolas con
empaque y honestos, argumentando que Occidente tiene poco futuro para las familias blancas.
El debate también mira al pasado. Se recuerda que tras la Segunda Guerra Mundial se produjeron expulsiones masivas de población y repoblaciones forzosas en Europa del Este, un precedente que algunos consideran una advertencia y otros, un modelo a seguir. La historia, en cualquier caso, no se repite igual.
El precedente de los colonos norteamericanos
No es una idea nueva. Según se comenta, ya hay más de
100 familias estadounidenses esperando mudarse a Rusia, y un trabajador de un fondo de inmigración habría señalado que se prepara el terreno para una avalancha de norteamericanos. Se menciona incluso un proyecto de ciudad dormitorio adinerada próxima a Moscú, bautizada como
American Village, donde sus habitantes hablarían inglés y no aprenderían ruso. El paralelismo con los alemanes que se mudaban a Rusia para evitar impuestos y el servicio militar surge de inmediato.
La pregunta de fondo sigue sin respuesta: ¿es una oportunidad histórica o una trampa con forma de paraíso? Con la paz aún por definir y los territorios en disputa, cualquier plan de colonización se mueve en el terreno de la especulación. La tierra es fértil, sí. Pero nadie ha dicho todavía quién pondrá el primer ladrillo.