Diez mil a la verja de Gibraltar: la marcha que nadie hará
La provocación tiene su miga: reunir a 10.000 españoles ante el Peñón para ver cómo lo toman los british. Hay quien vaticina que abrirían fuego; hay quien recuerda que miles de trabajadores cruzan cada día a ganarse la vida. La realidad, como casi siempre, está en el punto muerto: no hay verja, no hay control y, sobre todo, no hay incentivo migratorio que sostenga la comparación con Ceuta y Melilla.
Gibraltar ya es espacio Schengen
El escenario cambió sin que muchos se enteraran. Gibraltar está completamente abierto: un español entra y sale como quien va a Benidorm. No hay paso fronterizo en La Línea ni militares apostados; a lo sumo, si se presentaran 20.000 personas con ganas de bronca, aparecería la policía antidisturbios británica, no un regimiento. La diferencia con Ceuta y Melilla es abismal: allí hay vallas, concertinas y colas de inmigrantes buscando un hueco. Aquí el trabajador español es un transeúnte legal, identificado y con contrato.
El factor económico que desactiva la marcha
Quienes comparan con la Marcha Verde marroquí olvidan que España no tiene una bolsa de desesperados dispuestos a dejarse la piel por una bandera. En aquel Sáhara de 1975 había una población empobrecida movilizada desde el poder; hoy la presión demográfica española no existe. Además, ¿para qué invadir algo que ya se puede pisar libremente? El Reino Unido no reparte nacionalidades ni paguitas fáciles, y el español que quiere ganar dinero en Gibraltar ya lo hace: cruzando a diario, cotizando y volviendo a casa. La asimetría es de geografía y de derecho: un istmo de poco más de un kilómetro con un único punto de entrada, donde todo el mundo queda filmado e identificado.
El Tratado de Utrecht sigue ahí
Por si alguien quedaba con ánimo épico, el Tratado de Utrecht de 1713 cedió Gibraltar «a perpetuidad». No hace falta creer en su validez moral para asumir el coste material de ignorarlo: submarinos nucleares incluidos. La realidad es que la «invasión» ya ocurre, pero con traje y corbata: miles de españoles sostienen la economía del Peñón, y esa dependencia recíproca es el mejor seguro contra cualquier aventura. La pregunta, a fin de cuentas, no es si España recuperará Gibraltar, sino cuántos españoles necesitan que siga siendo británico para que sus nóminas no se caigan. El dato descoloca: la marcha no la harán porque ya están dentro, una y otra vez, cada mañana.