Ceuta reabre la guerra de cifras sobre inmigración y gasto
La imagen de cientos de personas intentando cruzar la frontera de Ceuta ha vuelto a poner el foco en la presión migratoria. Pero la discusión que se ha abierto alrededor de esa imagen apunta a un dato menos vistoso: las llegadas por avión son más constantes y, para muchos, más decisivas que la avalancha puntual. El episodio, que algunos se apresuran a calificar de escaparate mediático, reaviva la pugna entre quienes exigen el cierre total de fronteras y quienes llevan años señalando a la clase política de ambos signos por no haber reformado una legislación de extranjería que muchos consideran obsoleta.
Una frontera que se ve y otra que no
Ceuta es la foto; la red de aeropuertos es el fondo. Quienes analizan el fenómeno sostienen que la entrada por vía aérea, a través de la red de Aena, se produce todos los días en términos de miles de personas, con una permanencia que la avalancha terrestre no garantiza. El argumento central es que mientras el foco mediático se queda en la valla, el flujo que no sale en pantalla es el que sostiene el llamado efecto llamada. La imagen del día sirve para escenificar, pero no para medir.
La factura de la acogida y la asignatura pendiente
El siguiente bloque del análisis son los costes. Se enumeran partidas: alojamiento, manutención, sanidad, educación, transporte. Y se recuerdan los bandazos normativos: la sanidad universal se atribuye a la etapa de Zapatero, su supresión a la de Rajoy, y la ausencia de una reforma de la Ley de Extranjería en los últimos ocho años de gobiernos de distinto signo. De ahí sale la reclamación que vertebró parte del debate: una reforma en profundidad de las leyes orgánicas, con la de extranjería en primer lugar, y el refuerzo de los medios de frontera.
Una respuesta institucional a examen
La respuesta es, según quienes la critican, simbólica. El despliegue de las fuerzas armadas para contener la llegada se tradujo en una presencia que no llega a los 100 militares y 50 policías frente a una entrada de varios miles de personas. La comparación con el refuerzo policial de la UE, con la política de muro y redadas administrativas de Estados Unidos, o con la presión que soportan países de tránsito como Argelia, aparece una y otra vez como contraste. En el Magreb, se recuerda, la opinión pública mayoritaria ve el efecto llamada como un problema europeo exportado a la puerta de casa.
La pregunta que queda abierta no es si la presión migratoria seguirá creciendo, sino por qué España acumula décadas de bandazos en lugar de una política estable de fronteras e integración. El próximo capítulo puede volver a ser la misma maqueta, mientras la vía aérea deja cada mañana más casos que la valla. ¿Quién estará dispuesto a ponerle cifra a ese coste?