Dióxido de cloro en sangre: la sustancia que unos llaman lejía y otros, cura milagrosa
¿Qué hace realmente el dióxido de cloro (CDS) cuando entra en contacto con la sangre? La pregunta divide aguas. Mientras las autoridades sanitarias lo califican como peligroso equiparable a la lejía, una creciente comunidad de usuarios defiende que es capaz de limpiar la sangre de patógenos sin dañar células. Con patentes de por medio y testimonios que aseguran desde curar resfriados hasta revertir cánceres, la controversia no para de crecer.
El oxidante que promete desinfección selectiva
El dióxido de cloro (ClO2) es un gas oxidante utilizado como desinfectante industrial y potabilizador de agua. En forma diluida (CDS), se ha popularizado como supuesta cura para todo: malaria, herpes, artritis, ELbichito e incluso cáncer. Según sus defensores, al llegar a la sangre oxida patógenos sin afectar células sanas. Un usuario con más de una década de experiencia afirma: «Llevo trece años tomándolo antes de análisis médicos y nunca alteró los marcadores; al contrario».
La comunidad comparte protocolos caseros: dosis de 2 a 10 ml diarios en agua, enjuagues sublinguales, o aplicaciones tópicas. Incluso se menciona el uso intravenoso en hospitales mexicanos durante la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, aunque advierten que debe ser supervisado.
Patentes y avales: ¿qué dice la ciencia?
Se argumenta que el dióxido de cloro cuenta con múltiples patentes en EE.UU. para usos médicos: antiséptico (Pat 4035483), tratamiento de amebiasis, demencia, enfermedades de la piel, esterilización de bolsas de sangre (Pat 5019402) y enjuague bucal. En España, una patente (ES2518368T3) ampara su uso en espacios cerrados para eliminar bicho respiratorios.
Sin embargo, el estudio más citado sobre toxicidad es el de Berez (1982), realizado en monos con dosis 20 veces superiores a las recomendadas. Los defensores señalan que los humanos perdieron la capacidad de sintetizar vitamina C, clave para neutralizar el ClO2 en primates, por lo que ese estudio no sería aplicable a personas.
Testimonios de usuarios: desde alergias hasta cáncer
Los relatos personales abundan. Un usuario describe: «Tenía anginas cada año; desde que tomo CDS, no he vuelto a tener ninguna». Otro asegura que una picadura de araña se curó en horas con gotas. La alopecia también aparece como diana: «Se aplica CDS en spray sobre la calva y sale melena».
Más llamativo es el testimonio de cáncer de páncreas en estadio IV que, según se comenta, se revirtió en seis meses con 120 ml diarios de CDS y otros protocolos. «Deberían hacerlo médicos, pero muchos se curan solos» —se lee—.
La controversia oficial: ¿lejía o medicina?
Organismos como la FDA han emitido alertas contra el dióxido de cloro, calificándolo de «peligroso» y «no aprobado». Sin embargo, la comunidad asegura que la FDA «borró su nota sobre peligrosidad». El debate se encona: unos lo acusan de ser una engaña peligrosa; otros, de ser un remedio silenciado por la industria farmacéutica.
¿Qué dice la química?
El dióxido de cloro es un oxidante fuerte. En contacto con materia orgánica, se reduce a cloro inactivo, liberando oxígeno. Teóricamente, esto podría desactivar patógenos, pero también puede irritar tejidos. Los defensores insisten: a las diluciones recomendadas (0,03%), «es como agua» —incluso probaron a ciegas y nadie notó diferencia—.
Sin respuesta oficial que cierre el debate
A falta de estudios clínicos concluyentes en humanos, la balanza se mantiene en equilibrio inestable. Mientras los organismos reguladores mantienen su postura contraria, las patentes y los testimonios siguen alimentando la fe de quienes lo usan. Conviene recordar: no hay evidencia científica robusta que avale su seguridad a largo plazo. Como dicen en el entorno digital: «Que la sanidad pública no lo apruebe no significa que no funcione; significa que no hay dinero en ello».