La sombra de Marruecos sobre el 11M: qué se sabe y qué se especula
¿Qué información podría tener Marruecos sobre los atentados del 11 de marzo de 2004 y sobre el PSOE? La pregunta lleva años circulando en foros y tertulias, y resurge cada vez que la relación bilateral con Rabat se tensa. La respuesta corta es que no hay pruebas, pero la larga es que las sospechas alimentan un relato que no termina de desaparecer.
El origen de la teoría: la conjura franco-marroquí
La versión más extendida sostiene que los servicios secretos de Marruecos, con apoyo de Francia, orquestaron los atentados para castigar a España por su participación en la guerra de Irak y, de paso, alterar el resultado electoral. Esta hipótesis se apoya en declaraciones de expolíticos como Federico Trillo, que en 2007 afirmó que «hablar del servicio marroquí es hablar de los franceses». También se citan supuestas sospechas policiales de la época, publicadas por medios como El Español, sobre una posible participación exterior.
Uno de los episodios más citados es el que relata Jaime Mayor Oreja en su libro «Una verdad incómoda». Según el exministro del Interior, en un almuerzo de 2005 con Driss Basri, el antiguo hombre fuerte de Hassan II, este le habría dicho: «Supongo que no tendrás dudas de que el atentado del 11-M fue obra de un servicio secreto. La lógica es que fueran los nuestros, pero como los he reclutado, formado y escogido yo, quiero decirte que son incapaces de organizar un atentado tan complejo y difícil como el que habéis padecido. Mirad hacia los servicios secretos de otro país vecino». La frase, atribuida a Basri, apunta directamente a Francia, pero nunca ha sido confirmada oficialmente.
El beneficiario: el PSOE y el vuelco electoral
La segunda pata de la teoría sostiene que el PSOE se benefició de la masacre. Las elecciones del 14 de marzo de 2004 se celebraron tres días después de los atentados, y el Partido Popular, que partía como favorito según los sondeos, perdió frente a José Luis Rodríguez Zapatero. Los defensores de la conspiración argumentan que el clima de shock y la gestión informativa del Gobierno de Aznar, que insistió en la autoría de ETA, volcaron el voto. Otros, en cambio, recuerdan que el PP ya había perdido apoyos por la guerra de Irak y que la participación fue récord.
En el debate también aparece la figura de Pedro Sánchez, aunque en 2004 ni siquiera era diputado. Algunas voces sugieren que Marruecos podría tener información comprometedora sobre el PSOE, lo que explicaría la supuesta sumisión del actual Gobierno a Rabat en asuntos como Ceuta, Melilla o el Sáhara. Sin embargo, esta línea roza la especulación pura, sin ningún documento que la respalde.
Escepticismo y realidad: ¿qué hay de cierto?
Frente a estas teorías, hay quien recuerda que la investigación judicial concluyó que los atentados fueron obra de un comando yihadista local, sin vinculación con servicios estatales. El juez que presidió el tribunal, Gómez Bermúdez, declaró en una ocasión que «la verdad del 11M es tan terrible que España no está preparada para conocerla», una frase que ha alimentado todo tipo de interpretaciones, pero que nunca se ha concretado en nada.
La realidad es que, a día de hoy, no existe ninguna prueba oficial que relacione a Marruecos, Francia o el PSOE con los atentados. Las teorías se alimentan de declaraciones ambiguas, libros de memorias y rumores, pero carecen de sustento documental. Mientras tanto, la relación con Rabat sigue siendo un tablero de ajedrez en el que cada movimiento genera nuevas especulaciones. Y como suele ocurrir, la ausencia de respuestas definitivas es el mejor caldo de cultivo para las sospechas. Que cada uno saque sus conclusiones, pero con los datos sobre la mesa.