Quequé, fuera de la Ser: el límite del humor en una tragedia
El pasado mes, el humorista Héctor de Miguel, conocido como Quequé, abandonó la Cadena Ser tras una polémica broma sobre el accidente de tren de Adamuz, que dejó 45 muertos. La dirección del programa Hora Veintipico, donde trabajaba, decidió prescindir de sus servicios después de que emitiera un sketch en el que, parodiando al periodista Nacho Abad, mostraba buitres alimentándose de un cadáver con el rótulo "donde comen 2, comen 3". La reacción no se hizo esperar: acusaciones de mal gusto, falta de respeto a las víctimas y un debate sobre los límites de la sátira política.
La Cadena Ser, perteneciente al Grupo Prisa, tardó menos de 24 horas en anunciar que Quequé "dejaba voluntariamente" el programa. Sin embargo, las filtraciones apuntan a que fue una salida forzada: los directivos entendieron que la broma cruzaba una línea roja. No es la primera vez que un humorista paga caro un exceso, pero en este caso el contexto político lo complica todo.
El accidente de Adamuz y el uso político de la tragedia
El 31 de julio de 2024, un tren Alvia descarriló en Adamuz (Córdoba) causando 45 víctimas mortales. La gestión de la crisis por parte del ministro de Transportes, Óscar Puente, y del presidente de ADIF, fue objeto de duras críticas. Quequé, conocido por su afinidad con el Gobierno de Sánchez, decidió hacer un chiste sobre los "buitres" mediáticos que, según él, se estaban aprovechando de la tragedia. La metáfora, en apariencia crítica con los medios, fue interpretada como una burla directa a los fallecidos.
"Los buitres son los periodistas y partidos que explotan la tragedia", defendieron algunos de sus seguidores. Pero para la mayoría, incluida la dirección de la Ser, la imagen de un cadáver devorado por aves carroñeras era sencillamente insoportable con los cuerpos aún calientes.
La paradoja de un humorista gubernamental despedido por una radio afín
La situación tiene su ironía: Quequé era un firme defensor del Gobierno de Sánchez y había cargado contra la oposición y los medios críticos. Su programa Hora Veintipico se caracterizaba por un humor alineado con la izquierda, y el propio presidente de la Ser, Javier del Pino, había tolerado sus excesos. Pero esta vez el coste de mantenerlo en antena superaba al beneficio. La presión de los anunciantes y la audiencia, sumada al riesgo de identificar a la marca con una falta de sensibilidad, llevó a una decisión rápida.
Algunos analistas ven en este movimiento una estrategia de contención: en un año electoral, Prisa no puede permitirse el desgaste de defender lo indefendible. Otros apuntan a que el verdadero problema de Quequé no fue el chiste, sino la acumulación de polémicas. Lo cierto es que su salida deja un hueco en la programación que, según rumores, podría ocupar el también humorista David Broncano, a quien Quequé había imitado previamente.
Un cierre abierto
Quequé ha anunciado en redes que continuará su carrera "en otros formatos", pero no ha dado detalles. Mientras, en la Ser intentan desviar la atención hacia la programación de verano. La pregunta que queda en el aire es si el humor político tiene límites o si, como en este caso, el mercado los impone. Por ahora, 45 familias no tienen ganas de reírse.