Qué fue de Valdeande mágico: de Bitcoin a 20 dólares al exilio digital
El 9 de febrero de 2013 un prejubilado de Telefónica encendió la webcam y soltó cuatro palabras: «Hemos comprado 1 Bitcoin». El activo cotizaba por entonces alrededor de
20 dólares. Aquel hombre, que firma como
Valdeande mágico y reside en las islas Canarias, se convirtió en uno de los primeros divulgadores de criptomonedas en español. Una década después, la pregunta que más se repite sobre él no es cuánto ganó, sino dónde está.
El rastro sigue existiendo, pero fragmentado. La respuesta corta: no se ha ido, se ha hecho invisible.
¿Quién es Valdeande mágico y por qué desapareció de YouTube?
Sigue activo, aunque cada vez cuesta más encontrarlo. Durante años mantuvo un canal de YouTube con análisis tecnológicos, disertaciones sobre el futuro y dosis variables de misticismo. Hoy publica de forma intermitente y, cuando lo hace,
oculta el vídeo a las dos o tres horas. El grueso de su actividad se ha movido a plataformas alternativas —Odysee, Telegram, Friends— y a canales privados de acceso restringido.
Sobre su edad hay un cálculo bastante asentado. Un reportaje de
Público publicado en 2016 le atribuía
54 años, lo que lo situaría hoy en torno a los 62 o 63. No es ningún anciano decrépito, aunque su estado físico acusa, según quienes siguen sus emisiones, el desgaste de una vida laboral larga.
El motivo de la retirada parcial tiene nombre: censura. La ola de moderación que atravesó YouTube durante la pandemia se llevó por delante vídeos suyos y de otros divulgadores. Él respondió pasando a monetizar: una membresía de
0,99 euros al mes que, en su lógica, disuade a quien entra solo a denunciar.
1 bitcoin, 10 ethereum y 100 miotas: la fórmula que todavía se discute
Su recomendación más citada es también la más simple:
un bitcoin, diez ethereum y cien miotas. Con Bitcoin a 20 dólares y Ethereum a 1 dólar, quien siguiera el consejo al pie de la letra multiplicó su dinero. Él mismo lo repite cada vez que puede.
El problema es IOTA. La criptomoneda lleva
entre 0,20 y 0,40 dólares desde hace siete años, con dos subidas fuertes y sendas recaídas. Se le atribuye haber animado a volcarse en ella y que eso arruinó a más de un seguidor. El contrapeso es obvio: quien hizo caso solo a la parte de Bitcoin y Ethereum no tiene motivos para quejarse. De veinte dólares a seis cifras.
Sobre IOTA hay división real. Unos la ven como tecnología adelantada a su época —el metaverso quedó como ejemplo de apuesta que se adelantó y se estrelló—; otros, como una depresión de las buenas. Ninguna de las dos cosas se puede demostrar todavía.
Los 200 bitcoin perdidos en Mt. Gox
Aquí está la herida abierta. Se le atribuye la pérdida de
200 bitcoin en el colapso de Mt. Gox, el exchange japonés que quebró arrastrando los fondos de miles de usuarios. A precio actual, esa cantidad supera los
10 millones de euros, según los cálculos que circulan.
Cada dos años reaparece la noticia de que el dinero vuelve. Nunca llega. El proceso acumula retrasos y quienes metieron dinero dan por hecho que, en el mejor de los casos, recuperarán lo aportado, no las ganancias. Para el afectado, la diferencia entre 200 bitcoin y su contravalor en euros de hace una década es la diferencia entre la tranquilidad y el resentimiento.
Misticismo, pesticidas y matemáticas vorticiales: el legado incómodo
No todo fue cripto. Quienes lo siguieron recuerdan vídeos de temática muy distinta: pesticidas en viñedos, la pirámide de Gizeh, el caso Bar España, NESARA y las matemáticas vorticiales. Algunos arrancaban con un
«Ave María purísima» que funcionaba como contraseña de secta.
Ahí está el problema para reivindicarlo sin matices. Las teorías conspirativas que difundía no están respaldadas por ninguna prueba y él mismo se movía en lo que sus críticos llaman
la secta del gorrito de plata. Aun así, incluso quienes se ríen de esa parte reconocen que sus vídeos sobre tecnología tenían más fundamento que el horóscopo diario que hoy venden muchos predicadores de gráficos.
El juicio mayoritario es incómodo y honesto:
un buen hombre imperfecto que acertó en lo grande y se equivocó en lo pequeño. Hay quien sostiene que gracias a él no volverá a ser el mismo. Y hay quien, sencillamente, no entendía nada de lo que decía.
Queda el dato que descoloca. Un tipo con un pie en la jubilación, al que se le atribuye haber visto venir Bitcoin antes que casi nadie, sobrevive hoy en canales privados, sin monetización clara y con 200 bitcoin en el limbo judicial. Sabe más de tecnología que la mayoría de nativos digitales que lo llaman viejo. Si algún día recupera lo de Mt. Gox, no volverá a grabar. Y si no lo recupera, tampoco.