La subida exprés del SMI que UGT exige y el miedo a más inflación
Un trabajador con tres trienios y apenas 50 euros por encima del SMI ya se ve adelantado por la derecha. No es el único. Casi uno de cada seis asalariados en España cobra el salario mínimo, que hoy se sitúa en 1.332 euros netos en 12 pagas. Cuando UGT reclama una subida inmediata para combatir la inflación, no habla de un colectivo marginal: habla de la base del mercado laboral.
El SMI y la inflación: un arma de doble filo
La lógica sindical es simple: si los precios suben, el salario mínimo debe subir para no perder poder adquisitivo. Pero los economistas críticos recuerdan que la subida del SMI también empuja los costes de las empresas, que los trasladan al consumidor. Se dibuja así una espiral que algunos consideran inestable. Aquí aparece el fantasma de siempre: la retroalimentación entre salarios y precios. No es un debate nuevo, pero la urgencia que pone UGT sobre la mesa lo reactiva.
Los que niegan el remedio: el exceso de demanda laboral
Hay otra corriente que va más lejos: el problema no es el salario mínimo, sino los millones de personas que han entrado al mercado laboral en los últimos cinco años. Un exceso de oferta de trabajo que mantiene los salarios bajos y, paradójicamente, estimula la demanda de productos básicos. Según este análisis, la subida del SMI no corregiría nada y además dejaría en peor posición relativa a quienes cobran algo más. Un trabajador que gana 50 euros por encima del mínimo pasaría a ser adelantado por cualquiera que entre nuevo.
El espejo europeo: 2.200 euros que aquí parecen un lujo
En parte del este de Europa, 2.200 euros netos al mes en 12 pagas se consideran un sueldo normal. En Alemania, Francia o Países Bajos, es casi el salario mínimo. Aquí, superar esa cifra se celebra como un éxito. La comparación no es gratuita: sirve para calibrar cuánto hemos recorrido y cuánto falta. Quienes defienden la subida inmediata del SMI sostienen que es solo un primer paso. Quienes la atacan, que no es el paso correcto.
El IRPF, el gran olvidado del debate
Mientras los sindicatos claman por el SMI, llevan una década sin tocar los tramos del IRPF. La consecuencia: cualquier subida salarial se la come Hacienda con el tipo marginal máximo. De poco sirve que el salario mínimo suba si el trabajador acaba pagando más impuestos y pierde poder adquisitivo año tras año. Esa es la queja recurrente de quienes no cobran el SMI y ven cómo su esfuerzo se diluye. El debate, en realidad, no es solo cuánto subir el mínimo: es si el sistema fiscal acompaña.
Y al final, el dato descoloca: el SMI no paga IRPF. El trabajador que cobra el mínimo no tributa por el IRPF. Quien cobra el doble, sí. Así que la subida del salario mínimo, por sí sola, no resuelve el problema de poder adquisitivo; solo lo desplaza.