Ariana Grande, la delgadez y el runrún de las teorías de control mental
La escena se repite en cada aparición pública. Ariana Grande camina por la alfombra roja y las redes disparan la misma pregunta: ¿qué le ha pasado? Comparada con la imagen que proyectaba entre 2016 y 2020 –pelo alto, energía de diva, cuerpo menudo pero no enfermizo–, su aspecto actual ha encendido todas las alarmas. La cantante ha intentado responder a las críticas, pero sus explicaciones no han calmado el runrún.
Hay dos formas de leer este fenómeno. La primera es la más prosaica: un problema de salud, probablemente un trastorno de la conducta alimentaria. La segunda es la que ha convertido su caso en un clásico del imaginario conspirativo: que detrás del cambio hay algo más oscuro, un programa de control mental o una secta. La comparación con NXIVM –la organización que usaba el ayuno extremo y la delgadez como herramienta de sumisión– se repite hasta la saciedad, igual que el fantasma del proyecto MK Ultra de la CIA. Ninguna de esas teorías tiene un solo dato verificable, pero su persistencia dice bastante de la desconfianza que genera la maquinaria del entretenimiento.
De la alfombra roja a la teoría de la secta
El detonante no es solo la pérdida de peso. Es la combinación de varios elementos que, vistos en conjunto, alimentan el relato. La relación con Cynthia Erivo, su compañera en Wicked, ha sido descrita como excesivamente pegajosa; hay quien la interpreta como una dinámica dominante y coercitiva. La película, cuyo título significa “embrujado”, se convierte en un escenario perfecto para lecturas simbólicas. Y los ecos de su pasado –incluido el atentado de Manchester Arena de hace ocho años– se reciclan para dar coherencia a la historia.
Entre los datos que se manejan, la cantante es vegana desde 2013, una condición que ya tenía en la época dorada que ahora se añora. Es decir, la dieta no explica el cambio. Tampoco lo hacen los rumores de drogas o los chismes sobre su vida amorosa, que han estado ahí durante toda su carrera. Lo que ha cambiado de verdad, sostienen algunos, es la composición de su entorno: los rodajes interminables, la promoción, la exposición constante y una amistad que para algunos resulta sospechosamente absorbente.
Lo que no se sabe y lo que se especula
La única certeza es que ninguna de las explicaciones está confirmada. La propia Ariana Grande ha salido al paso en alguna ocasión, pero sin dar detalles médicos –y, sinceramente, no debe darlos. Mientras tanto, las trastiendas conspirativas de internet han encontrado en ella un filón: hay quien asegura que la han suplantado, que el collar que lleva con la inscripción “fuck ice” es una señal de salida de una secta o que su deterioro forma parte de un proyecto más amplio de dominio sobre las estrellas infantiles de la industria.
El dato que descoloca: una misma mujer que hace ocho años salía ilesa de un atentado, que sobrevivió a la maquinaria de Disney y Nickelodeon y que llegó a la cima con una voz prodigiosa, ahora es descrita por una parte del público como una marioneta rota. Si algo dice todo esto, no es tanto sobre ella como sobre el apetito de una audiencia que necesita creer que detrás de un rostro cambiado hay siempre una conspiración.