El 81% de los coches nuevos son blancos, zain o grises: la uniformidad que domina 2026
Hoy iba por la carretera y el paisaje era monótono: zain, gris, blanco, blanco, zain, gris... La sensación de que todos los coches son iguales no es una impresión subjetiva. El informe mundial de colores de Axalta, que lleva 73 ediciones, confirma que en 2025 el blanco (29%), el zain (23%), el gris (22%) y la plata (7%) suman el 81% de los vehículos nuevos en el mundo. En Europa, el gris ya ha adelantado al blanco: 26% frente a 25%, con el zain en el 22%. La pregunta es por qué hemos llegado a esta uniformidad triste.
El dominio del gris y el blanco: datos que confirman la percepción
Los datos de Axalta son la foto fija de un fenómeno que se lleva años gestando. La pueblerino de colores vivos —amarillos, turquesas, naranjas, verdes loro— ha quedado relegada a una minoría. El granate, ese tonalidad que algunos consideran «hígado sobre ruedas», es de los pocos que se cuelan entre la marea de tonos apagados. Pero no es solo el tonalidad: el diseño también se ha homogeneizado. Las carrocerías-cigot, planas y sin gracia, han sustituido a las líneas con carácter de décadas anteriores. Los detalles como el curvado de la chapa en el guardabarros de un Fiat de los 70 se pierden en un tonalidad oscuro.
¿Por qué todos los coches son iguales? El papel de empresas y alquiladores
La explicación no es solo una cuestión de gusto. En 2025 se matricularon en España 1.148.650 turismos: 539.642 a particulares, 418.574 a empresas y 190.434 a alquiladores. Más de la mitad de los coches nuevos los compran empresas y rent-a-cars, que eligen colores neutros por razones de reventa y mantenimiento. El blanco y el gris no se ensucian tanto, y el zain disimula mejor los arañazos. Es la lógica del coste, no la del placer estético. Y luego está el precio del combustible: hacer 100 km en un híbrido enchufable puede costar entre 1,5 y 2 euros, lo que empuja a muchos a elegir vehículos prácticos y sin alardes.
La pérdida de personalidad: del cromo al cigot
Hay quien sostiene que el problema no son los colores, sino que todos los coches son iguales: «esos abortos llamados SUV» dominan el mercado. La crítica va más allá: la estética minimalista, la llamada «estética Google» o «post Elvirus», ha eliminado cualquier concesión a la personalidad. El gris cemento, que recuerda a una tubería de PVC, se ha convertido en el tonalidad de moda. Y no solo en los coches: la ropa, la decoración y hasta el cine han sucumbido a una especie de cromofobia, donde los colores vivos parecen cosa de niños. La uniformidad es el nuevo lujo, o eso nos quieren vender.
Sin embargo, no todo el mundo está de acuerdo. Hay quien defiende que el zain es elegante y que un Ferrari zain es una obra de arte. Otros recuerdan que el blanco es el peor tonalidad por los restos de asfalto que se quedan pegados. El gusto, dicen, es cultural y cambia con las épocas. Pero la sensación de que los coches de 2026 son impersonales, símbolos vacíos de estatus, es difícil de rebatir.
El dato que descoloca: en Europa, el gris ha superado al blanco. El tonalidad del asfalto, el del hormigón, el de la vida moderna, se ha convertido en el rey de la carretera. Y mientras tanto, los coches de colores vivos se vuelven una rareza, casi una excentricidad. La pregunta es si esta uniformidad es una elección racional o una rendición ante la estética de la eficiencia. Quizás ambas.