¿Puede ser un gran año el año en que mueres?
La muerte, nadie vuelve para contarlo. Pero eso no impide que se especule sobre si el año de la propia muerte puede ser, a pesar de todo, un gran año. Algunos sostienen que la mayoría de las muertes son conscientes y agónicas, invalidando cualquier posibilidad de bienestar. Otros apuntan a muertes instantáneas donde el cuerpo segrega químicos que anulan el dolor, permitiendo incluso un último pensamiento.
Se ha llegado a afirmar, sin respaldo científico firme, que el 95% de las muertes son conscientes. La experiencia de morir desangrándose en 10-30 minutos o en una metástasis de cáncer no deja espacio para calificar el año como bueno. Sin embargo, una muerte por aplastamiento o disparo directo en la cabeza, si es inmediata, podría no implicar sufrimiento. El cuerpo, en situaciones extremas, libera testosterona y adrenalina que actúan como analgésicos naturales.
Al final, el debate queda abierto. Sin datos empíricos concluyentes, la respuesta es tan subjetiva como la propia experiencia de la muerte. Queda la reflexión: si el año de la muerte no puede ser bueno, quizá al menos no sea el peor del resto.