Un falso aviso del Mossad sobre España desata la tormenta perfecta en las redes
Un perfil de X creado hace un mes y con apenas 176 seguidores ha conseguido en 24 horas lo que no logran los informes oficiales: que se hable de la caída de España como si fuera un hecho en curso. El mensaje, atribuido al Mossad y difundido tras un retuit del comunicador Gisbert, promete no olvidar ni perdonar. La frase exacta con la que se presenta la cuenta, “This account is managed by Mossad India Desk”, es la primera pista de que no estamos ante una agencia de inteligencia, sino ante un montaje.
El perfil que nadie verificó antes de compartir
La cuenta llevaba un mes de vida cuando lanzó la amenaza. El dato de los 176 seguidores la delata: ningún servicio de inteligencia necesita construir un escaparate público con esa pinta de cuentas paralelas. Aun así, el retuit de Gisbert le dio alcance suficiente para cruzar la frontera del pequeño nicho conspirativo y llegar a la conversación general. En cuanto la imagen se hizo viral, comenzaron a señalarse los indicios de falsedad: la biografía, la fecha de creación, la ausencia de verificación. El problema es que el ruido ya estaba hecho.
Ceuta, Melilla y la idea de un declive irreversible
La repercusión no se explica solo por la credulidad. El mensaje llegó en un momento de tensión en torno a Ceuta y Melilla, con críticas a la política territorial del Ejecutivo de Pedro Sánchez. Una corriente lo interpreta como una prueba de que los actores internacionales prefieren a Marruecos antes que a una España débil. Otra corriente lo reduce a intoxicación deliberada: lo importante no es quién lo emitió, sino fijar en la agenda la idea de que el país está en caída libre. Las referencias a 1973 y 1975, citadas como primeros hitos de esa decadencia, refuerzan el marco mental de una deriva de medio siglo.
El bulo como mecanismo y la pregunta incómoda
Lo más instructivo es la rapidez con que una falsedad se convierte en coartada para todo tipo de lecturas apocalípticas. En los comentarios no faltaron derivas hacia teorías del control financiero y alusiones a decisiones históricas del siglo XV, todo ello sin un solo dato verificable. El episodio reproduce el mecanismo del bulo del Niño de La Guardia, mencionado en la misma conversación: una patraña con siglos de antigüedad utilizada para justificar políticas de persecución. La diferencia es que ahora basta un teléfono móvil y una cuenta anónima para generar el mismo efecto.
Si una cuenta con 176 seguidores puede marcar la agenda política durante un día entero, ¿qué hace falta para que la conversación vuelva a basarse en hechos? A la vista de lo ocurrido, la respuesta dista de ser tranquilizadora.