Una foto inocente, una avalancha de ruido machista
Hay noticias que bastan para medir el estado de la conversación pública. Una madre y su hija estadounidenses completan el Camino de Santiago, la imagen se difunde por internet y, en cuestión de minutos, los comentarios se convierten en un barrizal de groserías. El logro deportivo y turístico pasa a segundo plano: el espectáculo lo montan los que responden con obscenidades.
El Camino, un imán para peregrinos de medio mundo
El Camino de Santiago no es ninguna novedad: cada año miles de personas recorren alguna de sus rutas hasta la tumba del apóstol. Que una madre y su hija hayan completado la peregrinación no debería ser noticia, aunque el incremento de estadounidenses en los últimos años le da cierto interés. La fotografía, sin embargo, sirvió para que algunos convirtieran el hito en un espectáculo de objetivización.
El patrón que se repite cada vez que una mujer es noticia
Dejando a un lado el contenido literal de esos mensajes —inadmisible e innecesario—, la oleada de comentarios sexistas reproduce una dinámica bien conocida: cuando una mujer aparece en el espacio público por un logro, recibe una avalancha de mensajes obscenos. No es un caso aislado, sino un síntoma de la desinhibición que favorece el anonimato digital. Las plataformas moderan tarde y mal, y los responsables rara vez asumen consecuencias.
Mientras tanto, la madre y su hija pueden presumir de haber llegado a Santiago caminando. El resto de la conversación, con sus comentarios de gusto dudoso, solo retrata a quienes los escriben. ¿Cuánto más habrá que tolerar para que esto deje de ser una anécdota y se convierta en un problema con nombre y apellidos?