Cupra RAVAL: el anuncio que incendia las redes y cuestiona la estrategia de la marca
Un joven negro, ataviado con ropa urbana, entra en un auditorio vacío, pega un chicle bajo el atril y pronuncia un discurso de graduación de la «University of the Street». Así arranca el spot del Cupra RAVAL, el nuevo SUV eléctrico de la marca española. La reacción no se ha hecho esperar: en foros y redes sociales llueven las críticas, no solo por el contenido del anuncio, sino por el nombre elegido y por lo que muchos interpretan como un intento de asociar el coche con una estética marginal. La tormenta perfecta para una marca que busca despegar en el mercado eléctrico.
Un anuncio que no deja indiferente
El anuncio, que emplea la canción «Gangsta's Paradise» como banda sonora, muestra a un protagonista que atraviesa escenas de rebeldía: saltar por ventanas, arrojar muebles e incluso derribar una librería con el coche. El mensaje —«University of the Street»— sugiere que la educación formal sobra y que la calle es la verdadera escuela. Para muchos espectadores, esto no es solo publicidad, sino propaganda de una determinada actitud antisocial. La crítica no se centra en la etnia del protagonista, sino en el mensaje de fondo: se alaba la transgresión sin límites y se menosprecia el esfuerzo académico. Un sector del análisis sostiene que la campaña busca conectar con un público joven urbano, pero el tiro parece haber salido por la culata.
El nombre maldito: Raval
Bautizar el modelo como «RAVAL» ha sido la guinda. El Raval es uno de los barrios más emblemáticos y controvertidos de Barcelona: multicultural, vibrante, pero también con fama de delincuencia y conflictividad. La coincidencia ha provocado chistes fáciles y comparaciones con otros nombres geográficos de alto riesgo, como si la marca hubiera querido deliberadamente evocar un entorno marginal. Críticos han ironizado con que el próximo modelo se llame «Cañada Real» o «Las 3000». La elección, lejos de generar autenticidad, ha reforzado la percepción de que Cupra busca un perfil cani o macarra, alejándose del comprador tradicional de SEAT.
Un patrón que se repite: de Gillette a Budweiser
La estrategia de Cupra no es nueva. Otras marcas como Gillette, Budweiser o Harley Davidson han intentado renovar su imagen mediante campañas cargadas de contenido social o identitario, solo para encontrarse con un boicot de su base de clientes. En todos los casos, el resultado fue una caída de ventas y una imagen dañada. Los analistas advierten: cuando la publicidad prioriza la agenda ideológica sobre el producto, el mercado castiga. En el caso del Cupra RAVAL, el riesgo es aún mayor porque el coche es un eléctrico en un segmento donde la competencia china aprieta. Si el comprador percibe que la marca está más preocupada por la ingeniería social que por la calidad, el fracaso está servido.
El producto, ¿queda en segundo plano?
Más allá del ruido, hay datos concretos. El RAVAL se probó en abril de 2025 y, según algunas fuentes, ofrece 226 caballos y una calidad interior notable. Conducción en circuito de tierra y carretera, el coche se comportaba bien. Pero el anuncio ha conseguido que el debate se centre en la forma y no en el fondo: apenas se habla de autonomía, precio o prestaciones. La pregunta es si Cupra logrará que el público mire más allá de la polémica y valore el vehículo por sí mismo, o si este fiasco publicitario lastrará las ventas definitivamente.
Cierre: A la espera de los datos de pedidos, lo único seguro es que Cupra ha conseguido que todo el mundo hable de su nuevo modelo. El problema es que no lo hace precisamente bien. La historia demuestra que, en publicidad, el único «engagement» que cuenta es el que acaba en caja.