Diez mil millones de cooperación sin evaluar: el agujero del gasto exterior
Si el dinero de tus impuestos se esfuma, no hace falta buscarlo en paraísos fiscales. Basta con mirar la partida de cooperación al desarrollo, donde la AIReF ha localizado 10.847 millones gastados sin que nadie sepa si sirven para algo. No es una opinión: es el dictamen del organismo que vigila las cuentas públicas, y retrata una gestión más pendiente del gesto internacional que del resultado.
La AIReF no se limita a una cifra. Denuncia que 6.000 millones de la ayuda española al desarrollo carecen de control real, y que el 55% de la cooperación se canaliza a organismos multilaterales con ejecución delegada. Traducción: el dinero sale de España, cambia de manos y el rastro se pierde por el camino. Mientras tanto, el sector del transporte alerta del deterioro de las carreteras y se contabilizan centenares de presas en riesgo. El contraste no es solo moral; es contable.
El mapa de las subvenciones imposibles de justificar
La lista de pagos en el extranjero parece sacada de un concurso de ideas sin filtro. La AECID, la agencia de cooperación, ha destinado 200.000 euros a producir café con perspectiva de género en Etiopía, y en 2025 envió casi un millón para bambú y café con el mismo enfoque. Guatemala recibió más de 260 millones para desarrollo sostenible, derechos sexuales y reproductivos. Marruecos se consolidó como el mayor receptor de ayudas, incluidos 340 millones para obras hídricas; con ese dinero, se ha señalado, se podrían haber comprado siete aviones contra incendios. Y todo ello mientras se prestaban 25 millones a Túnez y faltaban medios para apagar los fuegos en España.
Otra cifra que duele: la Agencia habría llegado a destinar 513.698 euros cada hora a entes opacos en el exterior, según las informaciones que circulan. El sarcasmo se vuelve innecesario cuando los números hacen el chiste solos.
Corrupción y prioridades: el contexto que falta
La cuestión de fondo no es si hay que cooperar con países pobres, sino por qué se hace con esta opacidad. En el ranking de Transparencia Internacional, España cae tres puestos y queda por detrás de Botsuana, Qatar y Ruanda. La coincidencia en el tiempo –espionaje incluido, según las informaciones– no ayuda al relato oficial de una gestión ejemplar.
La corriente crítica sostiene que la cooperación se ha convertido en un instrumento de política exterior y clientelismo internacional; la defensa oficial incide en el compromiso con los Objetivos de Desarrollo y en que la ayuda no es un gasto, sino una inversión. El problema es que, sin evaluación, la diferencia entre inversión y despilfarro es solo una cuestión de fe. A este ritmo, lo previsible es que las partidas sigan creciendo: con una agencia que no rinde cuentas, el mejor presupuesto es el que se aprueba sin leer.