De 72 a 1.830 dólares: los dos siglos que separan Haití de Cuba
Según los datos que se manejan, en 1960 la renta per cápita de Cuba era de
2.300 dólares; la de Haití, de 72. Una brecha superior a treinta a uno que, seis décadas después, se ha estrechado sin cerrarse: 9.500 frente a 1.830. La pregunta de por qué el país comunista sigue por delante del capitalista tiene respuestas que poco tienen que ver con la ideología y mucho con la historia. Y una piedra en el zapato que nadie aparta: qué se puede creer de las cifras oficiales de uno y de otro.
Una capitanía general frente a una colonia arruinada
Cuba no fue una colonia al uso. Fue
provincia española y capitanía general del Imperio, y antes de que Estados Unidos interviniera contra España ya era la provincia más rica de España y una de las economías más desarrolladas de Latinoamérica, con una élite con capital de origen gallego, asturiano y catalán. Ese punto de partida no se borra con un cambio de régimen.
Haití es otra cosa. Cargó durante más de un siglo con una losa: la indemnización que le impuso Francia. El pago se prolongó entre
1825 y 1947 y, según los cálculos que circulan, absorbió cerca del
70% de los ingresos estatales durante buena parte de ese periodo, unos 25.000 millones de dólares a precios actuales. Un país que dedica dos tercios de lo que recauda a pagar a su antiguo amo no levanta escuelas.
Cuba multiplicó por 3,5; Haití, por 26
Los números relativos dan la vuelta al titular. Haití ha multiplicado su renta per cápita
26 veces desde 1960; Cuba, solo 3,5. El que parte de 72 dólares tiene más margen porcentual para crecer que el que parte de 2.300, que ya jugaba en otra liga. Es la trampa estadística de siempre: comparar tasas sin mirar el suelo del que se sale.
¿Por qué se cuestiona el PIB per cápita de Cuba?
Porque un PIB calculado con tipos de cambio artificiales no vale lo que dice valer. En Cuba conviven varias tasas para el mismo peso: la oficial, la de la calle —varias veces superior— y la que se aplica a según qué operaciones. Cambiar el divisor cambia el resultado y deja la comparación en el aire. Sobre el terreno, el relato de quienes han estado allí habla de sueldos en torno a
30 euros al mes y jubilaciones que no llegan a diez.
Hay quien añade otra capa al asunto: el índice de percepción de la corrupción coloca a Cuba entre los países menos corruptos de Latinoamérica, por detrás solo de Uruguay, Chile y Costa Rica. El dato incomoda a quien espera del sistema cubano una corrupción de manual, y sirve a quien defiende que sus estadísticas son más creíbles que las de media región. El matiz, y no es menor: ese índice mide
percepción, no auditoría.
Bloqueo, azúcar y esclavitud: las variables que faltan en la balanza
La economía cubana anterior a la revolución se levantó sobre un monocultivo, el azúcar, y sobre
mano de obra esclava, un detalle que suele colarse sin el énfasis que merece. El trabajo era estacional: los cortadores de caña trabajaban cuatro meses al año y el resto malvivían en aceras y portales. Con esa base se acumuló capital, sí. Y sobre esa base opera también el bloqueo estadounidense, que sigue lastrando el acceso a divisas, energía e insumos y que, sostienen algunos, distorsiona todo cálculo sobre lo que el país podría ser sin él.
Lo que se ve en la calle no coincide
Los testimonios de primera mano se contradicen. Quien ha viajado a Haití y a la República Dominicana asegura que
la pobreza extrema que vio allí no la ha visto en Cuba ni de lejos. Otros relatan lo contrario: semanas en la isla entre hambre, hiperinflación y cartillas de racionamiento cada vez más cortas, con medio país queriendo irse. Y aparece un dato que descoloca a ambos bandos: hay vuelos desde Santiago de Cuba a Puerto Príncipe varias veces por semana, y se llenan.
Una parte de las respuestas deriva hacia explicaciones raciales sobre el desarrollo de los países. No sostiene ninguna evidencia seria —ninguna variable económica se explica por el color de la piel— y se menciona aquí solo para constatar que circula. La demografía sí correlaciona con la renta, pero por vía indirecta: estructura productiva y capital acumulado, no otra cosa.
Con estos mimbres, la pregunta inicial se estrella contra su propio presupuesto. No es que Cuba sea más rica por comunista ni Haití más pobre por capitalista: es que una arrancó con treinta veces más capital que la otra y con dos siglos de ventaja institucional. Donde el análisis se atasca de verdad no es en la ideología, sino en lo de siempre: si las cifras que ponemos una al lado de la otra miden algo real.