Zaragoza, la cuarta ciudad de España, se convierte en el nuevo imán de inversiones
Zaragoza acaba de adelantar a Sevilla en población y se ha convertido en la cuarta ciudad de España, con unos 700.000 habitantes en el casco urbano y 750.000 sumando el cinturón. Y no es solo demografía: en pocos meses se han anunciado proyectos de Amazon, AWS, una planta de principios activos farmacéuticos (APIs) con socios irlandeses y portugueses, y la consultora KPMG está contratando personal que trabaja en Madrid o Barcelona pero vive en Zaragoza. La pregunta es: ¿por qué todo a la vez?
El boom de proyectos: de Amazon a las farmacéuticas
La lista es larga. Amazon y AWS ya están instalados o en proceso. Certest Biotec, un proyecto personal de Óscar Landeta, un zaragozano que se hizo multimillonario con el COVID, también ha aterrizado. Y el más ambicioso: la fabricación de APIs, principios activos de medicamentos, con Indico de Irlanda y Ricks Capital de Portugal como socios principales. Se habla de avales de la Comisión Europea para declararlo proyecto estratégico y reducir la dependencia de India y China. La UE quiere independencia industrial en esto, y Zaragoza ha sido elegida.
Pero hay quien lo ve con escepticismo. Se argumenta que muchos de estos proyectos son «PowerPoint», que se aprovechan de los fondos Pertes y Next Generation, y que ya hubo precedentes como Gran Scala o Canal Roya que acabaron en nada. La sospecha de que el dinero público se está usando para inflar anuncios sin sustancia real planea sobre el relato.
Las razones del éxito: ubicación, costes y talento
¿Por qué Zaragoza? La explicación más repetida es la geografía. Está a medio camino entre Madrid y Barcelona, con conexiones ferroviarias y de autopista a Valencia, Bilbao y Pamplona. Es un centro logístico de primer nivel. Además, el coste de vida es más bajo que en las grandes capitales, lo que permite pagar sueldos más bajos sin perder poder adquisitivo. Hay gente formada, universidades y una cultura de trabajo seria. Se añade que Barcelona se ha «caído» de la competición por estos proyectos, quizá por el clima político, y Madrid está saturada.
Un matiz interesante: según un estudio de la Universidad de Oxford citado en el debate, España es el segundo país más descentralizado del mundo después de Alemania. Eso podría explicar que las empresas alemanas, acostumbradas a la descentralización, elijan Zaragoza en lugar de Madrid.
La letra pequeña: sueldos bajos y vivienda cara
El boom tiene su reverso. Los sueldos que se ofrecen en estos proyectos no son para tirar cohetes: se habla de 18.000-19.000 euros anuales para perfiles junior y 24.000 para senior. En países como República Checa o Polonia, las empresas pagan más por la misma productividad. Y en Zaragoza, la vivienda se ha encarecido, aunque sigue siendo más barata que en Madrid o Barcelona. El problema es que la ciudad no tiene suficiente oferta: se anunciaron 500 viviendas de alquiler público en los terrenos de la Expo, luego se redujeron a 250, y se teme que acaben en cero. El barrio de Arcosur, construido con la burbuja, sigue siendo un erial, comparado con «Mordor». No se pueden meter 40.000 o 50.000 personas en dos años sin planificación.
La infraestructura pendiente y la sombra de la corrupción
Otra queja recurrente es la falta de conexión con Francia por el Pirineo aragonés. Se argumenta que Aragón ha sido discriminada en infraestructuras en favor del País Vasco y Cataluña, y que la obsesión por contentar al nacionalismo ha dejado a Zaragoza sin el eje transpirenaico que le correspondería. Además, el sector de las renovables está bajo sospecha: según informaciones publicadas, el gobierno de Aragón habría repartido el negocio eólico y solar entre dos familias socialistas, los Sumelzo y los Samper, con más de 850 sociedades implicadas. Eso, si se confirma, mancha el relato de prosperidad.
¿Qué viene después?
Zaragoza tiene un término municipal más extenso que Madrid, pero está rodeada de campos baldíos. Hay suelo de sobra, pero falta voluntad e ideas para hacer barrios nuevos que no acaben como Arcosur. El modelo americano de chalets y torres se plantea como alternativa, pero choca con la realidad de una población que envejece y una natalidad en mínimos. ¿Será este boom un espejismo más, o la ciudad del Ebro se convertirá por fin en el motor económico que se le presupone? La respuesta, como siempre, está en los datos que aún no se han publicado.