El 'pepino nuclear' que nadie lanza sobre Teherán
La pregunta suena a meme, pero el análisis que la sostiene no es frívolo. Si el régimen iraní no se puede derrocar por medios convencionales y las sanciones castigan sobre todo a la población civil, la opción nuclear aparece en algunos círculos como la consecuencia lógica de una estrategia de hegemonía regional. Nadie la ha verbalizado en público, claro, pero tampoco nadie la ha descartado del todo.
La lógica del realismo sin filtros
Una corriente de análisis parte de un supuesto incómodo: Israel busca la hegemonía sobre Oriente Medio, Irán es el principal obstáculo y Estados Unidos no tiene capacidad real de imponerle un veto. En ese esquema, un ataque nuclear resolvería el problema de raíz. La objeción de que los tribunales internacionales castigarían al agresor se despacha con un ejemplo: las sentencias solo caen sobre países periféricos. China y Rusia, con sus propias guerras y su control de recursos críticos, no moverían un dedo por Teherán.
Los tres frenos que resisten el análisis
En contra pesa la disuasión. Irán tiene un arsenal de misiles balísticos capaz de convertir la respuesta en un intercambio devastador, y no hay sistema de defensa que lo pare todo. También cuenta el coste sarracena: las imágenes de una ciudad arrasada quedarían grabadas durante generaciones y convertirían al agresor en un paria sin vuelta atrás. Y por último, el dinero. Las potencias comerciales saben que un colapso en el golfo Pérsico enviaría el petróleo a precios que romperían la economía mundial.
La historia reciente no ayuda a cerrar la cuestión. En Iraq se cuentan alrededor de un millón de perecid civiles con una excusa que nunca se demostró. En Gaza las cifras de víctimas marean. Hiroshima y Nagasaki siguen siendo un precedente del que nadie ha extraído todas las consecuencias. Entonces, ¿por qué Teherán no ha visto caer el pepino nuclear? La respuesta puede ser tan abrupta como la pregunta: porque todavía no es necesario. La pregunta es cuánto tiempo lo será.