¿Por qué la derecha religiosa no deja de hablar de sodomía? Una teoría lo explica: proyección y resentimiento
Hay una teoría que divide a los analistas en dos bandos: la obsesión de ciertos sectores religiosos por la sodomía no es fruto de la moral, sino de la proyección y el resentimiento. La primera corriente sostiene que quienes más condenan la práctica, especialmente dentro del clero, lo hacen para desviar la atención de su propia conducta. No es un argumento nuevo: la historia de la Iglesia está plagada de escándalos sexuales que contradicen su discurso público.
La segunda corriente, menos caritativa, apunta a la frustración sexual de aquellos que, por falta de oportunidad o virtud, convierten su impotencia en furia moral. En ambos casos, el objeto de la ira no es el pecado, sino el espejo incómodo que la sodomía les devuelve. La referencia a la época romana, donde la práctica era común pero mal vista, sugiere que el patrón se repite.
El debate, por supuesto, no admite verificación empírica. Pero la persistencia del tema en el discurso público invita a preguntarse si, como escribió alguien, quien se escandaliza demasiado suele tener algo que ocultar.
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