Me contaba hace unos años un catedrático de ingenieros de Montes, que a cierta dehesa madrileña con encinas de 400 años, se le había dado la máxima protección, y que por ello estaba prohibido podar los árboles. Fue un desastre total. Los árboles se habían dejado durante siglos con 4 ramas principales casi horizontales. Sin poder podarlos, se cargaron de madera y se partieron en cuartos.