Poniente entierra a la Benidorm cutre con pisos de 350.000 €
Un paseo por la Punta de Poniente ya no tiene nada que ver con la postal del cubata de garrafón. Grúas, torres de 30, 40 y hasta 50 plantas, un paseo marítimo recién estrenado y carteles de inmobiliaria en ruso. La zona se ha puesto el traje de Miami, con los precios por delante de la reputación: 350.000 euros por un piso de 60-70 metros sobre plano, y viviendas de dos dormitorios que ya rondan el millón.
El nuevo modelo urbanístico de Poniente
La transformación es real: arquitectura renovada, zonas comunes de resort y hoteles que suben de categoría. Ya no es el Benidorm del todo incluido ruidoso; es la playa ancha y tranquila que se vende como producto premium. Los precios de salida arrancaban entre 310.000 y 360.000 euros, y según idealista el metro cuadrado ha subido cerca de un 50% desde que la fiebre comenzó. El Gran Delfin Tower promete ser la próxima locura de la zona.
Pero el mercado caliente huele a especulación. Varias promociones se colocaron sobre plano antes de excavar; al escriturar, los compradores ya revendían. El comprador tipo ya no es el jubilado británico, sino capital ruso y de Europa del Este. Las constructoras, avisan algunos, van más deprisa que bien, y el resultado es una burbuja a la medida de quien quiere dárselas de Miami sin salir de Alicante.
La comparación con Marbella y el espejo de Miami
La etiqueta de “nueva Miami” llega sola, pero conviene afinar: Miami Beach, en todo caso. Benidorm no tiene la escala de la ciudad estadounidense, ni falta que le hace. La rivalidad con Marbella es otra cosa: mientras un bando sostiene que Marbella manda en nivel, el otro la da por superada, con playas peores y un coste de vida de infarto. Hay una frase que lo resume mejor que cualquier análisis: en Benidorm con 50 euros al día vives, en Marbella con 500 eres un desgraciado.
El efecto contagio ya se nota en la costa alicantina: Calpe y Altea miran con recelo, y el interior ve cómo la costa se encarece. El dato que descoloca: la zona era tan poco apetecible que en 2002 un hotel seguía cerrado en pleno agosto, a la sombra de una playa que hoy se vende como el nuevo Miami. El paisaje cambia más rápido que sus cimientos.